La judería de Montijo en los siglos XIII al XVI

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                                    Portada del libro diseñada por Pepe Melara.

Este estudio lo escribí a finales de 1992, se publicó en 1993, fue compuesto por Gráficas Montijo S. L. y editado por la Caja Rural de Extremadura. Ahora lo retoco y amplío. En realidad lo que hice fue tomar datos publicados por varios autores y aplicarlos al caso concreto de Montijo.

PRÓLOGO

Escrito por Julio Fernández Nieva, director del Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales: Geografía e Historia. Universidad de Extremadura, el día 25 de noviembre de 1992.

SHALOM, SEFARAD
(palabras hebreas que significan Paz, España)

En este año de conmemoraciones y centenarios, a punto de agonizar, los eventos a recordar tienen múltiples perfiles. Aquél 1492 referente, fue un año de grandes decisiones históricas. Antes del 12 de octubre, descubrimiento y/o encuentro del Nuevo Mundo, hubo un 2 de enero, fecha de la caída del reino nazarí de Granada, preludio de la expulsión, condicionada en 1501 y forzosa en 1609/1614, del postrer residuo musulmán en la Península. Y a los tres meses, el 31 de marzo, en la misma ciudad, en el salón de Embajadores de la Alambra, los Reyes Católicos firmaron el Decreto de expulsión de los judíos.
1492 desde 1992 es por tanto susceptible de plurales remembranzas. El conjunto de hechos determinantes, simplemente enumerados, tuvieron y tienen tal magnitud que todos ellos deben ser recordados. Nuestro ineludible pasado, todo él, debe ser reconocido, no enmascarado. Sólo la Historia, la verdad histórica, por difícil que sea, buscada con rigor y asumida en libertad, críticamente, es el único fundamento de nuestra identidad social y la pauta de legitimidad de todo progreso político.
Ocurre a veces, y este puede ser el caso, que las efemérides tienen sus claroscuros. Las mencionadas resoluciones adoptadas hace cinco siglos, unas fueron fecundas, pero otras fueron desafortunadas, por más que puedan resultar inteligibles dentro del contexto mental y social en que se produjeron. Una de estas últimas fue la expulsión de los judíos. Fue el primer eslabón de un largo proceso que se prolongó durante 200 años. Con aquél Decreto se solucionó el problema judío, pero subsistió el problema judeoconverso, con lo que la Orden Real no se hizo completamente efectiva hasta finales del siglo XVII, momento a partir del cual España quedó limpia de cualquier “mancha” que pudiera amenazar su nacional-catolicismo, fruto, no lo olvidemos, prioritariamente de un catolicismo de Estado. Pero esto sería otro aspecto específico del problema, en el que no voy a entrar.
La polémica y lamentable decisión produjo realidades traumáticas, más allá del destierro, cuyas consecuencias han llegado hasta nuestros días. Voy a intentar ponerlo de manifiesto con un par de ejemplos:
“Yo se de una famiya ke suvio a Israel de un paiz leshano ke se yama Espanta. Muchos de nuestros parientes fueron expulsados de Espanta, duvieron fuyir a tros paizes komo Portugal, Turkia, Bulgaria, Gresia, Maroko, Yugoslavia y más…”
Quien habla de esta forma, tan peculiar, es Roberto el Pescador, un personaje de ficción, que protagoniza la edición bilingüe, judeo-español/hebreo, de un pequeño cuento para niños, publicado este mismo año en Israel. Pero sus palabras no son ficción. Las podría decir, utilizando la misma lengua, el ladino, cualquiera de los cerca de un millón de sefardíes o sefarditas, judíos originarios de España, en su segunda diáspora. De ellos, medio millón, los últimos de Sefarad/España, la que puede ser la última generación sefardí, todavía conserva su lengua, su folklore, su gastronomía, su romancero, sus tradiciones, su cultura, en una palabra, y la nostalgia relativa de sus antepasados. Nostalgia que a veces propicia la visita turística y la expresión de sus sentimientos:
“Yo amo a Separad, y cuando he ido allí, me he encontrado como en casa. Pero mi patria es Israel”, declaraba recientemente un sefardí, residente en Tel Aviv.
La palabra hoy, quinientos años después, es paz, concordia, reconciliación. Ya a finales del siglo XIX se produjo en nuestro país un movimiento de simpatía hacia los judíos. La implantación, por aquél entonces, de la banca Rotschild en nuestra patria, comportó el asentamiento en España de un reducido número de familias judías. La búsqueda de soluciones a los quebrantos financieros de la nación en los años veinte de nuestra centuria, indujeron al general Primo de Rivera a promulgar un decreto que permitía a todo hombre de origen sefardí a obtener inmediatamente la ciudadanía española.
El hecho resultó particularmente útil durante los años de la IIª Guerra Mundial, por cuanto hizo posible el salvamento de judíos de las garras exterminadoras del nazismo. Por ello precisamente en el final de aquella guerra hay que situar los orígenes próximos de las actuales comunidades judías en España, constituidas por más de 15.000 personas y una docena de Sinagogas. El Plan Badajoz mereció, allá por los años 60, la atención y visitas de técnicos israelíes. La derogación, en 1968, del Edicto de expulsión, la promulgación de la Constitución de 1978 y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre España e Israel en 1986, han supuesto el final de cualquier tipo de cortapisas oficiales al normal desarrollo de la vida judía en nuestro territorio, cuyos últimos flecos se peinan en la actualidad.
En el marco histórico pergeñado en apretada síntesis y aprovechando la coyuntura del V Centenario (Al-Andalus, Sefarad, América, que esta es la realidad global, sin vacíos ni omisiones, por orden cronológico), Juan Carlos Molano Gragera, infatigable buceador de la historia local montijana, de su cultura y movimiento obrero, de los masones y republicanos en la villa…, ha tenido la plausible idea de intentar despertar la memoria dormida de la vecindad sobre existencia de su antiguo recinto de una Judería. Una Judería como tantas otras en tantos otros pueblos extremeños. El autor nos ofrece en ordenada presentación cuanto ha sido capaz de averiguar, que no es poco, en la bibliografía a su alcance sobre el barrio y sus habitantes, la reconstruye paso a paso, describe su evolución y las contingencias que rodearon las vidas de sus gentes, llegando incluso a señalar, en el correspondiente plano, la ubicación del mismo. Ciudadanos montijanos expulsados por judíos y/o judaizantes.
No bastaba el por otra parte meritorio reportaje periodístico de Fernández Sánchez sobre los judíos extremeños y sus nutridas juderías. Faltaba la monografía local. A los otros arrojados de España, por moriscos, pero españoles naturalmente, un siglo después, en “otra patera”, a los extremeños de Hornachos y otros muchos pueblos nos los ha recordado Bernardo V. Carande en conocida y apreciada columna periodística regional. Pero también éstos merecen más amplia evocación, y en ello estamos.
Molano, por su parte, acomete su empresa con el ánimo del sólido erudito de finales del siglo XX: el de llegar a un mejor conocimiento del por qué, del cómo, del cuando, de quiénes, de cuántos, del para qué tuvieron lugar los hechos y sus derivaciones, sin inculpaciones ni autoexculpaciones, invitando incluso veladamente a los descendientes de aquellos, muy españoles y muy judíos, a que “regresen a conocer la tierra llorada por sus abuelos”, a contemplar las cosechas de nuestras fértiles vegas, mejores, fruto del progreso, que las cosechas que otrora bendijeron sus rabinos, invitados por campesinos cristianos. Invitación al reencuentro con sus orígenes, ellos y nosotros, porque también yo supongo, como escribiera C.J. Cela en uno de sus “A bote pronto”, que sefardí es “todo el que nace y vive, y siente y padece, y canta y llora, y ama y odia y muere en Separad, España”. En todo caso, mil lazos nos unen a unos y otros.
Porque, y esto es lo destacable, nuestro país y sus gentes han superado finalmente la histórica intolerancia que secularmente ha marcado nuestra “piel de toro”. Aquí hoy ya no se habla de “complot judeo-masónico”, ni de “pueblo deicida”, ni de “perro judío”.
He escrito antes “finalmente” y, como en la actualidad me interesa tanto la enseñanza de la historia, como la propia Historia, quiero recordar aquí como, todavía en 1961, me topé con un librito de lectura para niños en el que se aseguraba que “los judíos envenenaban los pozos, mataban a los niños cristianos para hacer con su sangre panes ácimos y tenían una llave muy grande con la que abrían las puertas de la fortaleza de España para que entraran los moros”. Increíble, pero cierto. ¿En nombre de quién y con qué fines se divulgaron semejantes patrañas? ¿Quién sabe qué proporción de sangre cristiana, judía, conversa, musulmana, renegada corre por las venas de cada hijo de vecino? Reconstruyamos nuestra genealogía y encontraremos los “sambenitos” de nuestros antepasados…
Ha llegado la hora de que “judíos, cristianos, musulmanes… nos tomemos de las manos, juremos de ser hermanos”. Por si no fueran suficientes los imperativos éticos de las religiones del libro, no estaría demás recordar a este propósito otra máxima oriental, de Confucio: “Para aquél que respeta la dignidad del hombre, y practica la que exigen el amor y la educación…, todos los hombres son hermanos”.
Caja Rural de Extremadura, en su nueva andadura, con un equipo de profesionales responsables y excelentes gestores, recupera, a pasos agigantados, la confianza de agricultores y ganaderos y se consolida; con un fondo de Educación y Promoción en buenas manos, retoma iniciativas culturales diversas y en concreto, y prosiguiendo una cierta tradición, que se remonta a los años 40, la de fomentar y divulgar la historia local y regional. En su haber cuenta con las obritas de los Sres. Del Solar y Tabeada y Marqués de Ciadoncha y la interesante Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz. Continuación de la escrita por Don Juan Solano de Figueroa. Hecha por un anónimo del siglo XVIII. En dos tomos. Obra que bien merecería su continuación hasta nuestros días y su publicación.
Al autor de las páginas que siguen y a la institución patrocinadora, mis parabienes.
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                                  Botica judía. Tomado de Museos de Segovia.

Se han estudiado ya bastantes aspectos de la historia de nuestro pueblo, pero hay otros que aún están rodeados de cierta oscuridad, bien porque existen pocos datos en los archivos, bien porque no se han desempolvado aún o porque se trata de temas que desagradan a los historiadores clásicos, más preocupados por relatar la historia de los colectivos dominantes o mayoritarios de nuestra sociedad.
Una de las minorías escasamente estudiadas en Montijo era la de los judíos, pero que sin embargo tuvo cierta influencia durante siglos y quedó una buena herencia.
Con este pequeño trabajo nos vamos a aproximar a la historia de la Judería de Montijo.

Los judíos empezaron a llegar a la península ibérica en el siglo primero de nuestra era, después de la destrucción del templo de Jerusalén y su dispersión por el Mediterráneo.
Como sabemos, Mérida era la capital de la provincia romana de Lusitania y una de las mayores ciudades de la península en aquellos años. Como los judíos se dedicaban a los trabajos artesanos y prestamistas, se establecían en las ciudades.
Dice Víctor Chamorro en su Historia de Extremadura. Tomo III. Editorial Cuasimodo. 1981, Página 629: “La estancia de judíos en Extremadura se remonta a la Edad Antigua. Está constatada la existencia de colonias judías en la Extremadura romana y visigoda… Mérida y Trujillo”.
No tenemos aún constancia documental de la existencia de judíos en el lugar o aldea de El Montixo durante la época romana y visigoda, aunque debido a la proximidad de la ciudad de Mérida es posible que viviese alguna familia aquí.
En la época romana convivieron con cierta tolerancia y en paz. En tiempos de los godos vivían, pero no integrados en sus costumbres y creencias cristianas.
Dice Vicente Navarro del Castillo en su Historia de la ciudad de Mérida y pueblos de su comarca. Tomo I. Tipografía Extremadura, Cáceres, 1972, página 294: “De nada sirvieron el Edicto de conversión general decretado por Sisebuto… ni las matanzas y persecuciones posteriores, medidas que vendrían a exacerbar más las enemistades”.
Y en la página 339 sigue diciendo: “la actitud proselitista de los aferrados judíos, de los que en Mérida existía una fuerte comunidad… Esa actitud proselitista de los judíos levantó una persecución abierta de los reyes” visigodos que seguían las directrices de la iglesia católica romana en el siglo VII.
Ante dicha persecución ayudaron a pedir la entrada de los árabes en la península, en el año 713, junto con los visigodos arrianos que estaban siendo masacrados por los católicos. Serían tolerados en sus creencias y costumbres en los primeros siglos de la dominación árabe.

Miniatura de una Hagadá española. Presenta el interior de una sinagoga, con la lectura de la Torá. (Hagadá Hermana, Arte sefardí, Barcelona, 1350)

Pero cuando suceden las invasiones de los pueblos beréberes almohades y almorávides del norte de África, intolerantes y fanáticos en sus creencias islámicas, comenzarían las persecuciones contra las comunidades judías, que se ven obligadas a emigrar a los reinos cristianos del norte de España.
La comarca de Montijo, cuyo pueblo más importante era Lobón donde existía una fortaleza árabe, es reconquistada por las tropas leonesas en el año 1229, comenzando su repoblación al poco tiempo. Se habían quedado los muladíes, descendientes de los romanos y visigodos. Con los gallego-leoneses llegarán familias judías a nuestra aldea de El Montixo.
Nos dice Víctor Chamorro en la obra citada, página 34: “sobre una población de mudéjares, mozárabes y judíos, se repueblan las tierras reconquistadas… También los judíos pueden permanecer en sus tierras, casas y trabajos, pagando el onceano al Concejo… en tiempos de Enrique IV se citan en el reino de Badajoz las aljamas de … Montijo”.
Es decir, que a mediados del siglo XV está demostrada la existencia de una judería o aljama en nuestro pueblo.
Desde la conquista por los castellano-leoneses hasta mediados del siglo XV viven normalmente estas comunidades dentro de la sociedad cristiana. Los fueros y cartas pueblas invitaban expresamente a los judíos a que se asentasen en las aldeas recién ocupadas.
Opina J. L. Lacave en su libro Los judíos en Extremadura antes del siglo XV, Universidad de Extremadura, 1981, página 208: “a finales del siglo XIII habría en Extremadura uno docena aproximada de juderías, entre las que sobresalía la de Plasencia y luego las de los principales centros urbanos o semiurbanos: Coria, Cáceres, Trujillo, Badajos y Mérida… en general eran más bien pequeñas”.
Los primeros actos violentos de los cristianos hacia los judíos suceden en España con los “pogroms” de 1391. A consecuencia de esto emigran judíos andaluces a Extremadura, con lo que sus aljamas crecerán en número de familias y se crearán nuevas juderías en pequeños pueblos.
Y a partir de Enrique II irán saliendo medidas para desprestigiar socialmente a los judíos, como la obligatoriedad de exhibir signos distintivos de su condición de judíos, prohibición de ocupar ciertos cargos, etc.
En 1412 se obligaba a separarse de los cristianos en calles y barrios distintos. Imagino que a partir de dicho año se crearía la Judería de Montijo.
Continúa Víctor Chamorro en su obra citada, página 362: “La tarea de separación de la aljama tampoco pudo realizarse sin enfrentamientos.
Como no se trataba de una zona nuevamente construida, sino de la atribución a los judíos de una parcela del casco urbano abierto a todos, había que desalojar previamente a los cristianos de sus casas para trasladar a ellas a los judíos, quienes a su vez, se veían privados de sus viviendas si estas se encontraban fuera del ghetto”.

¿Dónde estaba la judería de Montijo?

Nada nos dicen los historiadores que han estudiado nuestro pasado, desde Moreno de Vargas hasta Vicente Navarro del Castillo. Manuel García Cienfuegos decía en la Revista AGLA de 1987: “No sabemos documentalmente donde estuvo la judería o el barrio morisco”.
Como todavía hoy (1992) carecemos de datos que lo aprueben, tenemos que apoyarnos en una hipótesis de trabajo.
Desde la conquista de la aldea por los castellano-leoneses hasta mediados del siglo XVI en que el casco urbano sufrió una gran remodelación renacentista, al ser comprado el pueblo por el Marqués de Villanueva del Fresno, la plaza pública era la actual de Cervantes –que era la zona alta del pueblo- donde se encontraba la fortaleza del Comendador y la parroquia de San Isidro. Allí se celebraba el mercado por las mañanas.
Donde después se construyó la iglesia de San Pedro estaba “la Silera”, institución que provenía de los árabes, y lo que después fue el Pósito era en aquellos siglos “la Al-hondiga” o panera, edificio muy relacionado con los silos de trigo.
Lo que después sería la Plaza Mayor, hoy de España, era la parte baja del pueblo y el final del casco urbano hasta finales del siglo XVI.
Pues bien, entre la plaza pública, hoy de Cervantes, y la de abajo se encontraban unas callejuelas estrechas, unas uniendo las dos plazas de norte a sur y otras transversales de este a oeste. Esa era la judería de Montijo.

Esta era mi hipótesis del año 1992, pero Manuel García Cienfuegos descubrió posteriormente una anotación de una casa, propiedad del convento de las clarisas, en la calle Peñas que fue revelador. En mayo de 2017 publicó un artículo titulado “La judería de Montijo” donde decía:
“En estos territorios de la calle Peñas estuvo la Judería. Sentí una grata satisfacción el día que estudiaba un libro de cuentas del convento de las clarisas, cuando, sin esperarlo, apareció una anotación en la que describía el nombre de un vecino y junto con él la casa donde vivía “en la calle de Peñas, antigua Judería”. Esta anotación clarificaba el lugar donde vivió una comunidad judía, y no como se había supuesto estar en el Barrio de la Pringue.
La casa a la que hago referencia apareció en una relación de censos del convento de las clarisas. Era propiedad de Juan López y Beatriz Macías, que años más tarde pasó a Pedro Palomo Varón.
El libro de cuentas me fue proporcionado por un descendiente del presbítero don Agustín Gragera, que fue capellán de las monjas durante algunos años del siglo XIX y administrador del Conde de Torrefresno…”
Con este descubrimiento documental quedaba claro dónde estaba la aljama montijana.

                                   Recreación del casco urbano de Montijo en el siglo XVI.

¿A qué se dedicaban los judíos?

Continúa Víctor Chamorro en la página 628 de su libro: “en la Baja Extremadura ejercían actividades primordialmente artesanas: zapateros, sastres y herradores, sin que aparezca la figura del judío arrendador o prestamista”.
Los judíos montijanos eran cardadores, tejedores, herradores, zapateros, sastres, curtidores, cesteros, cordeleros, plateros, etc.


                                          Rito judío en Barcelona. Tomado de eSefarad.

Al cargo de la comunidad tenían un adelantado o dayán, un procurador de la aljama y un custodio, todos ellos judíos. Y solían llevar la Carneçería de la aljama o de las dos religiones, para los no cristianos.
Las aljamas extremeñas eran pequeñas. “Los judíos tenían muy bien regulado, hasta en los detalles mínimos, su relación con los cristianos y su comportamiento, sobre todo en la vertiente económica: importe de los intereses del dinero prestado, obligación de presencia de testigos en los empeños y hasta limitación del consumo de pescado los viernes para no dejar sin abasto a los cristianos o provocar el encarecimiento del producto” (Fuero de Cáceres, artículo 74).
Dice Víctor Chamorro en su obra citada, página 360, que estaba regulada “La normalización de pleitos y diferencias entre miembros de las dos comunidades porque podía ser el origen de graves altercados”. “Desarrollaban importantes operaciones de préstamos… Los judíos aparecen generalmente como acreedores pero hay que tener en cuenta que conjugaban esta tarea con la recaudación de tributos… Lo más probable es que judíos recaudadores sólo hubiera en las más importantes comunidades” (página 361).

Prestamistas judíos en las Cantigas de Santa María por Alfonso X de Castilla El Sabio. Biblioteca de El Escorial.

Alberto González Rodríguez en su libro Hornachos, enclave morisco, página 55 dice: “aunque presidida por cierto grado de tolerancia y en convivencia notablemente pacífica… sin embargo, la existencia de normas legales contra los judíos resultan muy antiguas en España… como el Fuero Juzgo”.
Según Daniel Rodríguez Blanco en su libro La Orden de Santiago en Extremadura, página 188, a las comunidades judías, la Orden de Santiago en la etapa de Encomiendas, hasta el año 1551, les cobraba unos impuestos jurisdiccionales –aparte del resto de los impuestos que pagaban los cristianos y que también tenían que pagar-: el “presente judío” y el “castellano de oro” para ayudar a los costes de la guerra de Granada desde 1482.
Debemos aclarar que la comunidad judía representaba solamente sobre un 4% de la población total de la provincia extremeña en el siglo XV, y el 5% de Castilla. En 1479 había en la provincia de León de la orden de Santiago, a la que pertenecía Montijo, 603 familias de judíos y 503 en 1485. Sin incluir los expulsados de Andalucía refugiados en Extremadura, un 30% más.
Continúa diciendo Daniel Rodríguez en la página 374 que los judíos “con seguridad se puede decir que seguían sus propios usos en cuanto al atavío personal… las consecuencias que pueden derivarse del contacto diario que, al considerarse perjudiciales, se regulan de manera tajante recurriendo a la completa segregación de judíos y moros.
Nunca antes de los Reyes Católicos habían dictado los maestres leyes para proceder al encerramiento… estos grupos, según una tendencia natural, se agrupaban, en las villas donde residían en número abundante, en ciertas calles o lugares expresos… Pero el distanciamiento no fue absoluto”.

Los judíos convivían con los cristianos en total separación, pero se prohibía en el siglo XV que los hijos y mujeres de los cristianos viejos sirvieran para los judíos. “Lo que se intenta evitar es… el posible contagio de sus creencias en las tiernas mentes de los sirvientes, niños o mujeres” (página375).
“El trabajo conjunto se permitió en cuanto se realizaba entre personas que, por su edad, parecen moralmente formados… y la prohibición de criar hijos de esas minorías o dárselos a criar” (página 375).
Se intenta también evitar el contacto festivo y en los bailes y se les impide a los judíos la manifestación pública de sus creencias por el año 1440. “Son obligados a guardar el Viernes Santo. En esta fecha… se desata el odio del pueblo llano contra los deicidas y… iban en casi romería a apedrear sus casas… se recomienda, casi se ordena a los judíos encerrarse… la segregación y, después, la conversión forzosa fueron las únicas medidas aplicadas” (página 377). Los que querían aprovecharse de los bienes de los judíos propagaban embustes y mentiras entre el pueblo para que este se revolviese contra aquellos.
Alberto González Rodríguez en su libro dice en la página 55: “Es a partir del aislamiento del reino musulmán de Granada… y la progresiva absorción de las comunidades judía e islámica en el cuerpo cristiano, crecientemente expansivo, cuando las tres naciones de la España medieval comenzaron a desviarse del régimen tradicional de convivencia… En el año 1480, los Reyes Católicos decretan en Toledo un conjunto de medidas tendentes a separar a los moros y judíos del resto de la población cristiana… Cfr. Ordenanzas Reales de Castilla. Libro VIII, Título III. Ley X. “Que se faga apartamiento de judíos y moros”.
J. A. García de Cortazar en su libro La época medieval, publicado por la Colección Alfaguara II, en 1980, en la página 212 dice: “La aplicación de los criterios de raza y religión trajo como consecuencia el progresivo deterioro de la situación social y la correspondiente marginación de los habitantes judíos y mudéjares de la España cristiana… a medida que crece la protección personal de reyes y magnates hacia los judíos, cuyos servicios financieros necesitaban, sube el tono de animadversión popular contra ellos que se manifiesta, ya desde 1.109, en una serie de motines que acaban indefectiblemente en el asalto a las aljamas”.

Dice Vicente Navarro en su libro Montijo. Apuntes históricos de una villa condal, página 25: “Nos es conocida la presencia (en Montijo), en la segunda mitad del siglo XV, de una numerosa colonia de judíos que disfrutaban de una aljama propia y pagaban una fuerte contribución anual al Rey… conocemos que los judíos de Montijo, junto con los de Mérida, pagaban al Rey en 1474 2.500 maravedíes de impuestos. Los judíos en esa época eran tan numerosos en la comarca que disfrutaban de aljamas.
Este número se vio aumentado cuando en enero de 1483, los Reyes Católicos decretaron su expulsión de Sevilla, Córdoba y Cádiz, refugiándose entre sus hermanos de Extremadura”.
Los datos sobre la judería de Montijo los conocemos por el repartimiento hecho por el rabí Jacob Abén-Núñez, juez mayor de los judíos de Castilla y físico del Rey Enrique IV en 1474.
Pablo Iglesias Aunión dice en su libro Historia de la comarca de Lácara, en la página 45, citando al Censo de las Provincias Ordinarias y Partidos de la Corona de Castilla, realizado por la Orden de Santiago, habla de la importante presencia judía en Montijo en 1474: “Aljama de los judíos de Mérida, con los judíos de Montejo: dos mil é quinientos maravedíes. Fecho este repartimiento original en la ciudad de Segovia por el Rabí Jacó Aben-Núñez, fisco del Rey y Rabí Mayor del reino hebreo”.
En dicho año había en Badajoz una comunidad judía conversa y en Mérida una judía. Y entre los cristianos se extendió la idea de que los conversos seguían en buena medida fieles a la tradición judaica.
Habla Pablo Iglesias en la página 85 de su libro de las visitas que tenían que hacer los párrocos de Montijo a los judíos: “Visitáronse los cristianos nuevos que ay en esta villa de quien se supo. Tomose si sabían santiguarse y rezaban, y a los que nos estaban bien administrados. Mostróseles lo que avían de fazer y quedó mandado al cura quede anotados, los visitare y administrase” en 1498.
La Santa Inquisición se fundó en 1476 como una institución al servicio del proyecto político de los reyes católicos, para conseguir la unanimidad de las ideas de los vasallos de las Españas y perseguir las mentes críticas contra el poder establecido y sus distintos brazos militares, religiosos o económicos. Se aplicaron contra “los falsos conversos” judíos o moriscos, como un brazo del poder real contra las minorías raciales y religiosas. Se estableció un régimen totalitario.
El tribunal de la Inquisición de Llerena se formó en 1485, y en Montijo se instaló una delegación de él en la llamada paradójicamente “Casa del Perdón”.
                              La desaparecida Casa del Perdón en la calle de Arcos.

En la llamada Puerta del Perdón de la parroquia de San Pedro se celebraban los actos inquisitoriales. La existencia de la Inquisición en nuestro pueblo sirvió para conseguir ascenso social y privilegios a algunas familias montijanas a cambio de hacer el triste papel de delatores (Familiares del Santo Oficio) de aquellos que se atrevían a no seguir las directrices que le marcaba el poder reinante.

                                                Estandarte de la Inquisición.

La Inquisición en Montijo, como en el resto de España, fue un instrumento de las clases dominantes contra los sectores sociales que no se avenían a seguir sus directrices y su concepción totalitaria y reaccionaria de la sociedad, y sus incultas ideas. Ello sirvió para que se retrasase la revolución industrial y científica en nuestras tierras y para eliminar a una clase empresarial emergente que, en otros países europeos, triunfó y provocó el despegue económico.
Dice Manuel García Cienfuegos en su libro Montijo. Notas de interés histórico, publicado en 1983, en la página 52: “Dado que la mayoría de las ciencias aplicadas y la técnica habían sido cultivadas por judíos, resultaban sospechosas y había que regirlas. Así resulta que la España de los siglos XVI y XVII verá florecer el arte y la literatura pero apenas las matemáticas, la química o la astronomía”.
En Sefarad. 1492-1992. Revista el País, de marzo de 1992, páginas 51 y 52 leemos: “A finales del siglo XV, la vida de los judíos españoles contrastaba con la euforia que se había apoderado del reino a raíz de la conquista de los cristianos en Granada… una comunidad judía dispersa, sometida al temor de nuevos ataques y a constantes vejaciones e insultos… un pueblo empobrecido y acostumbrado a pagar y callar… Obligados a llevar sobre el hombro aquella rodela amarilla –que tantos siglos después sería resucitada en la Alemania nazi-, privados de usar las sedas y oro que lucían los cristianos, despreciados por sus antiguos vecinos y pendientes de la buena voluntad del Consejo Real, que se veía impotente para frenar con órdenes los ataques que sufrían en la vida diaria, los judíos de Sefarad, la que había sido 300 años antes la comunidad más rica, más culta y admirada entre todos los hebreos del mundo, esperaban la llegada de la Semana Santa temerosos de que el fervor religioso provocara nuevos ataques a sus casas, a sus vidas y a su fe… no podían creer que los reyes, que tantas veces les habían amparado, y especialmente Don Fernando, de quien se decía que corría sangre judía por sus venas, decidieran echarles de la tierra en la que habían vivido desde la destrucción del templo de Jerusalén, hacía más de 1.400 años, les dispersara por el Mediterráneo”.


Una escena en la predela de Corpus Domini (h. 1465-1468), establecida en el hogar de un prestamista judío. Tomado de WikipediA.

La expulsión de España y Montijo

El 31 de marzo de 1.492 decretan los Reyes Católicos, presionados por el inquisidor Torquemada (de ascendencia judía), la expulsión de los judíos de España. Le daban un plazo de cuatro meses para liquidar sus bienes y haciendas, con precios a la baja, o su conversión al cristianismo.

“Fue una dramática subasta a la baja, de la que los todos esperaban sacar provecho. Fue también un tiempo en el que los viejos odios contra los prestamistas judíos, a los que se acusaba de cobrar intereses de usura superiores a los legales, salieron a la luz, junto con la historia de tremendas leyendas en las que se acusaba a los judíos de realizar sacrificios rituales de niños o envenenar comidas y pozos de los cristianos” (página 54 de Separad).
“Los judíos emigraron de la provincia santiaguista de León prácticamente en masa” dice Daniel Rodríguez Blanco en la página 378. Montijo pertenecía a dicha provincia.
“a mediados de julio (de 1.492) comenzaron a caminar las familias judías a su forzado destierro, especialmente hacia Portugal, 10.000 familias salieron por Elvas y 15.000 por Valencia de Alcántara… No podemos calcular con exactitud el número de familias judías residentes en Montijo, pero es muy posible que su número no pasase de dos docenas”, dice Vicente Navarro en su libro Montijo. Apuntes históricos…, en la página 25.

Una crónica de Andrés Bernáldez decía «No había cristiano que no tuviese dolor de ellos. Iban por los caminos e campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo, otros naciendo, otros enfermando».
Imaginamos a los judíos montijanos recorriendo el camino de Alburquerque hacia Valencia y estableciéndose en los pueblos portugueses como Castelo de Vide, Portalegre, etc.

                                         Salida de los judíos de España. R.C.

Si tenemos en cuenta que el número de cabezas de familia era en Montijo en 1.494: 254, vemos que los judíos representaban entonces el 9’4%. Casi un diez por ciento de la población, lo que era muy importante.

¿Y quiénes compraron los bienes de los judíos montijanos?
Igual que en el resto de España, aquellos que tenían posibilidades económicas y dinero en metálico. Lo mismo que sucedió con la desamortización de las tierras de la Iglesia y los Concejos a mediados del siglo XIX.
Se aprovecharon manteniendo ofertas muy bajas hasta el último día –el 31 de julio-. Se ha demostrado que los Vera, caballeros de la Orden de Santiago, comendadores de Montijo, compraron los bienes de los judíos fraudulentamente en 1.492.
“Recientemente, el padre Tarsicio Azcona ha descubierto en el archivo de Simancas ciertos documentos referentes a personas que estuvieron complicadas en el ocultamiento y salida subrepticia de moneda por la frontera de Portugal, y que pertenecían a los bienes dejados por los judíos expatriados. Entre los complicados se encontraba el poderoso caballero emeritense Diego de Vera, junto con otros caballeros principales de Extremadua”, dice Vicente Navarro en su libro Historia de Mérida y pueblos de su comarca, Tomo II, página 80.
Es decir, que la evasión fiscal en España tiene una larga tradición.
Se les prohibía a los judíos sacar monedas y otros bienes, pero muchos intentaron burlar la prohibición. “Los puertos secos de la frontera portuguesa eran el lugar estratégico para la salida del oro y de la plata y parece que hubo algunos guardianes que se dejaron sobornar” dice Víctor Chamorro en su libro, Tomo II, página 364.
“el territorio afectado, que quizás más se degradó fue el extremeño por cuanto resultó el primero en despoblarse de judíos apresuradamente… La presión del fundamentalismo católico extremeño generó la descualificación-despoblación-pobreza… la expulsión fue traumática porque operaba contra un doblamiento auténticamente progresista que empezaba a tirar de la sociedad extremeña de entonces”, dice Luís Garrido en el Diario Extremadura de 31 de marzo de 1992,
Se reiteró la expulsión en una nueva Pragmática del día 5 de agosto de 1.499.
En Montijo quedarían un grupo de judíos conversos al cristianismo, igual que en muchos pueblos de Extremadura, pero que seguirían practicando en secreto los ritos heredados de sus antepasados. Se les obligó a cambiar sus nombres hebraicos por otros castellanos.
Por ello, Felipe II firmó la Pragmática de 1558 donde se “insiste en la pena de muerte y pérdida de todos los bienes sin proceso, para cuantos judíos se encontraran en España”, dice Alberto González en su libro Hornachos, enclave morisco, página 56.
“Durante el siglo XVI y coincidiendo con la aparición de los gremios, se establecen una serie de trabas que impiden el ingreso en los mismos, en calidad de aprendices,… de judíos, moriscos o personas penitenciadas por la Inquisición”, dice Víctor Chamorro en la página 50 de su libro.
“el fraile Alonso de la Fuente. Realiza un estudio sobre el clero de Zafra y llega a la conclusión de que casi todos eran cristianos nuevos, pues de setenta clérigos, setenta eran judíos conversos” continúa Víctor Chamorro en la página 53.
Uno de los procesos de la Inquisición en Llerena fue contra la judería de Alburquerque, en 1563 a 1568. Madrid ordenaba detenerlos: “Se alquilen las casas contiguas a esa Inquisición… como dezís se hizo cuando se descubrió la judería de Alburquerque… en 1566 con otros núcleos en Badajoz, Montijo y Lobón” dice Julio Fernández Nieva en su libro, página 20. Ello demuestra que en nuestro pueblo se quedaron algunos judíos, convertidos falsamente al catolicismo para no tener que exiliarse y abandonar sus bienes.

Los judeoconversos

En 1566 vivía en Montijo un núcleo de judeoconversos que no habían querido marcharse de sus casas al exilio en 1492; eran espiados y delatados por los “Familiares del Santo Oficio” que hacían carrera política y económica persiguiendo a vecinas y vecinos que no seguían al pie de la letra lo que dictaba el poder. Y también hubo muchos vecinos del pueblo que delataron, por envidias o rencores, a sus vecinos judíos. Las condenas por continuar practicando la religión de sus antepasados eran durísimas y tremendamente injustas.

Cuadro pintado por Frasco Antolín copia de otro que había en la ermita de Barbaño, se llama «La conversión del moro». Junto a la virgen vemos a una de espaldas, condenada por la Inquisición, ataviada con el Sanbenito y obligada a pasearse por el pueblo de forma humillante. En la procesión sólo vemos a hombres.

Fermín Mayorga Huertas expuso en las VIII Jornadas de Historia de Montijo, celebradas en el 2008, una ponencia sobre “Inquisición en la tierra de Montijo, siglos XVI al XIX”, editadas por el Ayuntamiento en 2010, donde habla de dieciocho condenados por el Santo Oficio de Llerena en 1566 por practicar la religión judaica en secreto, lo que supondría un gran porcentaje de los judíos que se quedaron a vivir en Montijo después de 1492. Veamos un resumen.

MARÍA JUAREZ, esposa del escribano Francisco Sánchez Mesa, fue condenada en el año 1567 cuando tenía sólo 18 años por hereje judaizante, igual que su hermana …….JUAREZ.
El grave motivo es que era hija de condenados por la Inquisición (su madre fue quemada y el padre sufrió cárcel y varias penas) y no podía vestir de color carmesí ni utilizar seda, oro ni plata, viajar a las Indias, ni trabajar en oficios públicos, ni montar a caballo.

FRANCISCO RODRÍGUEZ, hijo de JUAN RODRÍGUEZ, herrero, fue condenado a galeras y a llevar el sambenito a perpetuidad.

ANDRÉS RODRÍGUEZ, natural de Montijo, escribano público de Lobón. Se le condenó a llevar puesto el sambenito a perpetuidad y cárcel perpetua, los primeros cuatro años sirvió en galeras, se le confiscaron sus bienes. Su esposa Maria Gómez, judía de Badajoz, también fue condenada.

FERNANDO ZAMORA….

LEONOR GONZÁLEZ, natural y vecina de Montijo, esposa de DIEGO LÓPEZ de profesión lanero, fue condenada en el Auto de Fe celebrado en Llerena el día 8 de diciembre de 1566, a llevar hábito perpetuamente, cárcel perpetua y a la confiscación de sus bienes.
-Un hijo de Diego y Leonor fue LÓPEZ GIL, sastre, le confiscaron sus bienes y cárcel por un año.En el expediente se habla de López Gil “Vecino de Montjo, regidor que fue de dicha Villa, de generación de cristianos nuevos de judíos, fue condenado por hereje judaizante ficto y simulado, confidente diminuto. Fue quemado en la hoguera”. Podría ser el mismo que continuó practicando su religión y, por reincidente, lo quemaron.
-La esposa de López Gil: ISABEL GONZÁLEZ, judaizante, fue condenada en 1566 a llevar hábito y cárcel por un año y la confiscación de sus bienes.

BEATRÍZ MACÍAS, natural y vecina de Montijo, judeoconversa, soltera, se le condenó en 1566, igual que a su hermana ……..MACÍAS, a cárcel y llevar hábito durante seis meses, a la confiscación de sus bienes y otras penas.

DIEGO RODRÍGUEZ, herrero, natural de Alburquerque y vecino de Montijo, fue condenado dos veces por judaizante, a cárcel perpetua irremisible, confiscación de sus bienes y llevar el sambenito a perpetuidad.

MARÍA RODRÍGUEZ.- Mayte Álvarez García publicó un artículo en la Revista de Ferias de 1997 “María Rodríguez. Un caso de Montijo para la Inquisición”, páginas 105 y 107, donde estudia el caso de la joven montijana María Rodríguez que fue procesada por la Inquisición de Llerena en 1581 por irreverencias judaizantes. Tenía 27 años y era esposa del hortelano ALONSO GUTIÉRREZ. Se le condenó a la “abjuración de vehementi” advirtiendo que si reincidía se enviaría de nuevo al Consejo y podría ser condenada a la hoguera.
Sefardíes.es nos aclara.- “Sentencia dada por los tribunales de la Inquisición, cuando no se había podido probar pero existían fuertes indicios de delito. Implicaba un grado de culpabilidad superior a la «abajuración de leví». Lo habitual era que el acusado o penitencia compareciera en el Auto de fe con sambenito de media aspa, que debía llevarlo durante uno o dos años, permanecer encarcelado aproximadamente durante un año, multa dineraria de pérdida de la mitad de los bienes y destierro por un tiempo que solía no ser superior a seis años. En ocasiones era castigado con azotes (200 los hombres y 100 las mujeres). Si con el tiempo volvía a ser juzgado, era considerado relapso (que había vuelto a cometer delito), y podía ser «relajado» (condenado a pena de muerte).”
Dice Mayte Álvarez que “las instrucciones publicadas por el Santo Oficio desde los primeros tiempos obligaban a todos los cristianos, bajo pena de excomunión y proceso judicial, a la denuncia secreta de los herejes, pudiéndose basar la delación en sospechas derivadas de gestos, frases o comportamientos del acusado…” El régimen de terror que debía recorrer aquella sociedad debería ser enorme. El poder político, económico y eclesiástico acusaba de herejes a los que no se doblegaban a su férrea dictadura, entre otros a muchas mujeres.

Condenada por la Inquisición. Pintura de Eugenio Lucas Velázquez. 1860. Museo del Prado.

-Un caso curioso sucedió el día 1 de julio de 1583. Marina Sánchez, vecina de Montijo, nació en 1509, hija de Diego García (del miradero) y María Matheos, soltera, beata, hizo Testamento por el que donó su casa, en la actual calle de Santa Ana nº 2, a las beatas para levantar en ella el convento. Como los padres eran hacendados, la casa era grande y tenía un torreón en la esquina, por ello se le denominaba a esa calle del Miradero.
Actuó como escribano público de la Villa (notario) Francisco Sánchez de Mesa, judío converso esposo de María Juarez y cuñado de su hermana que fueron condenadas en 1567 por la Inquisición por judaizantes.
Estuvieron presentes en el acto del Testamento dos Familiares del Santo Oficio.
En el documento dice ella que cree en todos los preceptos de la Iglesia Católica y Romana y que “Dios nuestro Señor no quiera ni permita, por persuasión del demonio, dolencia grave o en otra manera, agora o en cualquier tiempo, alguna cosa dixere o pensare contra lo que tengo dicho e confesado quiero que no valga…mi cuerpo sea sepultado en la yglesia mayor del san Pedro desta villa, a la Puerta del Perdón, de la parte de adentro, a mano derecha, de manera que mi cabeça llegue al umbral…”
Marina Sánchez era beata, de las terciarias franciscanas, igual que las que habitaban en una casa de la calle Badajoz, pero Marina no se fue a vivir con ellas. ¿Por qué? Según Vicente Navarro del Castillo, estas beatas montijanas «Vestían … con man­to y hábito de estameña como los usados por las religiosas clarisas… Todas cuantas eran admitidas como beatas debían estar limpias de toda sospecha y no tener mezcla de mora o judía… «

Una familia de judeoconversos montijanos

Diego Garçía ….. nació en el último tercio del siglo XV en Montijo, casó con María Matheos y vivieron en una gran casa que estaba al comienzo de la actual calle Santa Ana, donde después se construyó el convento de las monjas clarisas.

Los apellidos Garçia y Matheo pertenecían, entre otros, a judíos conversos al cristianismo en 1492. Mateo es un nombre bíblico de origen hebreo. Hasta el siglo XVIII se escribió Matheos y después derivó en Mateo.

De las aproximadamente 24 familias judías que existían en Montijo en ese año se sabe que se convirtieron varias, fundamentalmente las que tenían más propiedades pues temían quedarse en la pobreza al emigrar fuera de Sefarad.

La casa tenía en la esquina de la plazuela colindante un torreón (símbolo de riqueza) con unos ventanales para divisar la comarca, por lo que la gente le llamó “el miradero”, nombre que también le dio a la calle. Por ello se le llamaba Diego Garçía “el del miradero”. Eran propietarios de tierras y casas al comienzo del siglo XVI.

El solar total de la casa con la huerta era de 3.000 metros cuadrados, lindando al sur con la calle Acinco (o Acuinco, del latín acui: agua) actual Hernán Cortés, y al este con otra huerta que en el siglo XX perteneció a otra María Mateo, de la misma familia que la esposa de Diego. La casa lindaba en la calle de Santa Ana con otras propiedad de Sancho Garçía “el viejo”, en 1583, por lo que podría ser un hermano de Diego; fue concejal en 1498. En 1500 era alcalde Alonso García y en 1514 era alcalde Hernán García.

Diego y María tuvieron varios hijos: Miguel Pérez (muerto antes de 1583), Marina Sánchez (1509-1583), Diego Garçia “el nuevo” (que vivía en 1583) …

Cuando hizo el testamento Marina Sánchez en 1583, ante dos Familiares del Santo Oficio, firmó como albacea Hernán Garçia que podría ser de la familia de aquella. Marina dejó limosna a Elvira Sánchez, ¿sería también de la familia?

En la Desamortización de las tierras de la Iglesia, a mediados del siglo XIX, se sacó a subasta una casa propiedad de las monjas de Montijo que compró Andrés García Mateo que vivía en la primera mitad del siglo XIX, era gran propietario y contribuyente, compró tierras del clero regular en la Desamortización en los términos de Mérida, Torremayor y Montijo. Fue concejal, 1º teniente de alcalde y alcalde de Montijo en los años treinta, Compromisario Electoral y Repartidor de la Contribución Ordinaria.

La calle del miradero, después Santa Ana tras la construcción de la ermita en el siglo XVI, era el antiguo camino que salía del Montijo hacia los cerros de San Gregorio y La Centinela y llegaba al convento de San Isidro de Loriana. Como en la calle Santa Ana tenían los Mateo tierras se construyeron muchas casas (ver en este blog el articulo sobre la familia Mateo)

Apellidos más usuales de los judíos españoles eran: Bejarano, Mendes, Cabeças, Gonçalez, Matheo, Garçia, Salinas, Toledano, Córdoba, Sevilla, Alburquerque, Franco, Calderón, Mayorcas, Zamora, Jerez, Montijano, etc. Y así se siguen llamando en sus lugares de destierro.

¿Quedarán sefardíes montijanos por el norte de África, por Europa, por Constantinopla o por Israel que conserven aún la llave de su casa de la calle Peñas de Montijo, como los hay que las tienen de Cáceres o Mérida? Puede que algún día regresen a conocer la tierra llorada por sus abuelos.

Una placa situada en la calle Peñas número 13 recuerda que allí estuvo la Judería montijana.

Bibliografía utilizada

-Amador de los Ríos, José. Ensayo sobre los judíos de España. Madrid. 1984.

-Anaut, Alberto. Separad. 1492-1992. Revista el País. Marzo de 1992.

-Chamorro, Víctor. Historia de Extremadura. Tomos II y III. Editorial Cuasimodo.

-Fernández Nieva, Julio. La Inquisición y los moriscos extremeños (1585-1610).

-García Cienfuegos, Manuel. Montijo. Notas de interés histórico (XVIII-XIX). 1983.

-García de Cortazar, J. A. La época medieval. Editorial Alfagüara. II. 1980.

-González Rodríguez, Alberto. Hornachos. Enclave morisco. Asamblea de Extremadura. 1991.

-Iglesias Aunión, Pablo. Historia de la comarca de Lácara, del Medievo a los Tiempos Modernos. ADECÓN LÁCARA. 2000.

-Lacave, J. L. Sinagogas y juderías extremeñas. Revista Separad, XL. 1980.
Los judíos en Extremadura antes del siglo XV. Jornadas de Estudios Sefardíes. Universidad de Extremadura. 1981.

-Mayorga Huertas, Fermín. Inquisición en la tierra de Montijo, siglos XVI al XIX. Actas de las VIII Jornadas de Historia de Montijo. 2008.

-Martín Martín, José Luís. Historia de Extremadura. Tomo II.

-Navarro del Castillo, Vicente. Montijo. Apuntes históricos de una villa condal. Editado por el Ayuntamiento de Montijo.1974.
Historia de Mérida y pueblos de su comarca. Tomos I y II. Cáceres. 1972.

-Rodríguez Blanco, Daniel. La Orden de Santiago en Extremadura. Diputación de Badajoz. 1985.

-Suárez Fernández, L. Documentación acerca de la expulsión de los judíos.

-Valdeón, Julio. Historia 16. Extra XVII. Abril 1981.






















Juan Carlos Molano Gragera
Juan Carlos Molano Gragerahttp://historiasdemontijo.com
Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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