La 2ª Agrupación de Colonias Penitenciarias Militarizadas de Montijo y la construcción del canal

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I. Precedentes: los campos de concentración nazis
Para entender por qué se organizaron en España las Colonias Penitenciarias debemos saber que fueron inspiradas por la experiencia alemana. Nada más ganar las elecciones en 1933, los nazis en Alemania empezaron a abrir una red de campos de concentración para recluir a los opositores políticos al régimen que iban a imponer con mano de hierro: el III Reich, un estado totalitario donde aquellos que no siguiesen las consignas de los dictadores serían perseguidos y eliminados.
Así, en marzo de 1933 se abrió el primer campo de concentración en Dachau, cerca de Munich, con el objetivo de neutralizar a los oponentes políticos y recluir a funcionarios comunistas, socialdemócratas y cristianos progresistas. Los judíos entrarían bastante después, al comienzo de la II Guerra Mundial.

Presos en Dachau tirando de las vagonetas. Foto publicada en el libro «Le camp de concentration de Dachau (1933 – 1945)», editado por el Comité Internacional de Dachau en 1979.

En el campo de Dachau existían barracones de Intendencia, Cocina y Comedores, Almacenes de herramientas, Lavandería, Enfermería, Morgue, Pabellón de Oficiales, etc. En el centro una plaza para pasar revista y en la única puerta de entrada se leía el cartel “El trabajo os hará libres”, todo un sarcasmo pues los presos políticos trabajaban durísimamente -con escasa y mala comida- hasta la extenuación.
El perímetro exterior estaba circundado por doble alambrada, foso y garitas de los vigilantes.


Los fosos y alambradas perimetrales de Dachau. Foto publicada en el libro «Le camp de concentration de Dachau (1933 – 1945)», editado por el Comité Internacional de Dachau en 1979.

II. Los planes de riego del Guadiana
El regeneracionista Joaquín Castel publicó en la Revista de Extremadura en el año 1899 un trabajo sobre “Hidrografía de Extremadura y medios de mejorarla».
Para ver los orígenes de los estudios de la puesta en riego de la provincia de Badajoz tendríamos que remontarnos al año 1902, con el llamado Plan Gasset.
Una vez formado el Gobierno de la II República, republicano-socialista, en abril de 1.931, consideró la posibilidad real de comenzar efectivamente la regularización del Guadiana en el portillo del Cíjara y comenzó a preparar un proyecto que desembocó en la Ley de Obras de Puesta en Riego de septiembre de 1.932. Por primera vez se planteaba la actuación del Estado en la transformación de las tierras de las Vegas en regadíos y su colonización, asentando a muchos yunteros, arrendatarios y aparceros.
En diciembre de 1932 comenzaron las obras de la presa del Cíjara; el Ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto vino a inaugurarlas en febrero de 1933 y dijo que tenía la intención de poner en marcha los proyectos dormidos, para ello creó el organismo Obras y Servicios del Cíjara para realizar el estudio, proyecto y ejecución de las obras de varios embalses en el Guadiana y varios afluentes, la construcción de canales y la puesta en riego de las Vegas.
Entre las obras que incluía iba la construcción del azud de derivación de Montijo para el riego de las Vegas Bajas; sus proyectos se redactaron en 1.932 y desde 1.934 se aprobaron presupuestos parciales para realizar las obras.
Obras y Servicios del Cíjara realizó un estudio titulado “Las obras hidráulicas en la provincia de Badajoz” que sería publicado en 1934. Las obras del canal de Montijo comenzaron en ese año para dar trabajo a los obreros en paro. El ingeniero encargado de dirigirlas fue Manuel Díaz-Marta Pinilla, natural de Toledo y afiliado al PSOE.
En la sesión del 11 de abril de 1936, el alcalde de Montijo informó de sus gestiones en Madrid donde consiguió del Ministerio de Fomento 100.000 pts. para la construcción de los canales de riego de la Vega Baja de Montijo. Se llegaron a excavar unos 5 kms. hasta el mes de julio de 1936 cuando se produjo el golpe de Estado contra la República y la consiguiente paralización de las obras.

III. Las Colonias Penitenciarias Militarizadas en España
El día 28 de mayo de 1937 aprobaba la Junta de Burgos el Decreto 281 sobre “el derecho al trabajo” de presos no comunes, que autorizaba el uso de los prisioneros de guerra republicanos para trabajos forzados, abriendo las puertas a lo que después se denominaría “los esclavos de Franco”. Durante la guerra se crearon los llamados “Batallones Disciplinarios de Trabajadores”, integrados por soldados prisioneros pendientes de que les emitiesen informes político-sociales. Acompañaban al Ejército franquista haciendo los trabajos más duros, no estaban retribuidos ni redimían penas por el trabajo. En julio de 1937 se creó la Inspección de los Campos de concentración y Colonias Penitenciarias para prisioneros, nombrando como jefe de la misma al Coronel Luís Martín Pinillos. Este alto cargo valoró, a todos los que formaron el bando contrario, no sólo con adjetivos peyorativos sino incapaces de poder tener ideales, adjudicándose el monopolio de la verdad y por si fuera poco, todo, debido a la generosidad del Caudillo. Esta Inspección tenía su sede en Burgos y estaba estructurada en cinco secciones: Personal; Intendencia e Intervención; Sanidad y Farmacia; Trabajos y Obras, y Justicia. Al frente de las mismas, había un jefe de Ingenieros, otro de Intendencia y uno de Sanidad; un capitán de Estado Mayor de Infantería y otro capitán de Farmacia; un teniente Auditor de 2ª y un capellán. Aunque su misión, organización y dependencia orgánica no habían sido definidas en ninguna disposición oficial, “la fuerza incontrastable de la realidad hizo que la Inspección dependiera exclusivamente del Cuartel General del Generalísimo”. En el diario HOY del día 2 de septiembre de 1937 se entrevistaba al director de las obras de riegos del Cíjara, Sr. Cervantes pues pocos días antes había cambiado impresiones en Mérida con el General Queipo de Llano sobre la posibilidad de emplear prisioneros de guerra en las obras de los canales de las Vegas Bajas del Guadiana. Cervantes informó a Queipo que en el movimiento de tierras podían ser empleados, de momento, hasta 1.500 prisioneros. Aquél, en una memoria elaborada al efecto, preveía el establecimiento de campos de concentración en los kilómetros 15 (a 4 de Montijo), 35 (en las proximidades del río Guerrero) y 50 (en la confluencia de los ríos Gévora y Zapatón). También estaba pronta la instalación de campamentos de obreros o campos de concentración en los kilómetros 10, 30 y 45. El empleo de los prisioneros sólo sería en las obras de tierra, reservando los trabajos de albañilería a obreros especializados en este ramo. En el año 1938, el jefe del Servicio Nacional de Obras Hidráulicas ordenó a la Dirección de Obras y Servicios del Cijara procediera a la redacción de un proyecto reformado del canal de Montijo. En el B.O.E. de 11 de octubre de 1938 se publicó una Orden del Ministerio de Justicia sobre la creación del “Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo” aplicable a los presos políticos que habían sido condenados por auxilio a la rebelión. José Augusto Pérez del Pulgar (jesuita y miembro de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, director del ICAI centro universitario de ingenieros industriales, hasta la expulsión de los jesuitas en la República, marchándose a Bélgica con sus alumnos) fue el inspirador de esta medida como vehículo de propaganda moral y religiosa entre los penados para conseguir su redención. Se encargaría de la organización de los talleres en las cárceles y campos de concentración.

                                          El jesuita José Augusto Pérez del Pulgar.

La Ley disponía de ayudas a las familias mediante un subsidio mensual que le era entregado a esposas o padres. Para pasarle el subsidio a las esposas tenían que estar casados por la Iglesia, por lo que muchos presos se vieron obligados a casarse de nuevo vigilados por sus carceleros y con el madrinazgo de señoras afectas al Régimen.
El 15 de diciembre de 1938 se constituyó en Vitoria el Patronato Central para la Redención de Penas por el Trabajo (a partir de 1942 se denominaría Patronato Central Nª Sª de la Merced), presidido por el director del Servicio Nacional de Prisiones coronel Máximo Cuervo Radigales, donde formaba parte como vocal el padre Pérez del Pulgar en representación de la Iglesia. Su ideario era “La disciplina del cuartel, la seriedad de un Banco y la caridad de un convento”.
Esta obra fue inspirada y controlada por la Iglesia Católica y “le permitiría ir ocupando áreas de influencia y poder en el régimen de Franco” según Rafael Torres, la Iglesia “quiso estar allí en el centro mismo del castigo y de la resurrección de la esclavitud, y su presencia en las prisiones, los Batallones y Destacamentos de Trabajadores fue obsesiva y constante”. En los campos de concentración tuvieron mucha influencia los capellanes penitenciarios y sus colaboradores de Acción Católica. A los reclusos se les obligaba a ir a misa los domingos. Fue un ajuste de cuentas social y político contra las clases trabajadoras por haberse intentado emancipar de sus explotadores.
El 1 de abril de 1939, el Patronato Central comenzó a emitir el semanario “Redención”, único periódico que podían leer los prisioneros. Su director fue José Sánchez Muniaín y el supervisor Maximino Cuervo. El principal objetivo de este libelo fue “formar la conciencia de reclusos en cuanto al conocimiento y comprensión de la labor político-social del nuevo Estado”. El mencionado supervisor, en el nº 18 de “Redención”, escribió: “Vais a trabajar por la España que un día ofendistéis”.
Terminada la contienda, el 8 de septiembre de 1939 se creó por Ley el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. Decía que estaba inspirado “… en el mismo espíritu cristiano que informó la creación del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo”. El Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, eufemismo con el que se intentaba ocultar el nombre de los campos de concentración, fue en realidad el encargado de centralizar el uso y abuso que el franquismo hizo de sus prisioneros políticos como trabajadores forzados. Franco encargó de dirigir el Servicio al general católico e ingeniero y director de Tabacalera Juan Petrirena Aurrecoechea, Ingeniero militar guipuzcoano (San Sebastián 1885 – Madrid 1956).

José Luís Gutierrez Casalá dice: “Los privilegios que se le daban al Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, como instrumento de la función tutelar de la industria por el Estado, podían despertar “una suspicacia excesiva o un interés egoísta”. Se pensaba en la competencia que significaría para los empresarios privados. Porque de hecho, el SCPM supuso un gran negocio para la Presidencia del Gobierno de la que dependió directamente. Hasta 1958, fueron más de quinientos millones de pesetas el importe total de las obras que realizaron las diversas agrupaciones.
La ley de 8 de septiembre de 1939 disponía que el servicio dependería de Presidencia del Gobierno, aunque tendría una organización militar y estaría íntimamente conectado con el ministerio de Justicia, a través del Patronato de Redención de Penas, que le facilitaba los trabajadores; con el del Ejército que le proporcionaría no sólo el tipo de organización, sino también los mandos y tropa necesarios para ejercer la custodia y vigilancia de las agrupaciones que dependerían orgánicamente de los Jefes de la Regiones Militares en las que se encontraran. Finalmente, el SCPM estaría coordinado con el ministerio de Obras Públicas que tenía la obligación de informarle de las obras que pensaba sacar a concurso o subasta para que le comunicara las que podía ejecutar y, por tanto, retirar de la licitación pública.
A cambio, el SCPM debería alimentar, vestir, proporcionar asistencia médica y alojar a los penados. Además de abonar a los familiares el subsidio previsto por el Patronato de Redención de Penas por el Trabajo. El ministerio de Justicia, si bien proporcionaba los trabajadores y se hacía cargo de sus salarios, también proveía a las agrupaciones del vestuario y cuanto material pudieran fabricar los talleres penitenciarios existentes. Por su parte, el ministerio del Ejército se encargaba de facilitar, a un precio a convenir, los medios de transportes y otro tipo de material que no pudieran facilitar los talleres penitenciarios. La ley disponía que se abriera un crédito de 500.000 pesetas para poner en funcionamiento el servicio. Se iniciaba así la historia de una institución que viviría dos décadas, y ejecutaría obras por valor de unos dos mil millones de pesetas de 1958.”
Las Agrupaciones de Colonias se encargaron de llevar a cabo el trabajo con presos republicanos, en la construcción de canales y presas en diferentes ríos. Desde 1939 a 1942 se implantaron seis Agrupaciones, la 1ª y la 6ª Agrupación trabajaron en el canal de Bajo Guadalquivir, con campamento en Los Merinales, a 8 kilómetros de Sevilla, la 2ª Agrupación en el Canal de Montijo; la 3ª, en el canal del Bajo Alberche. La 4ª estuvo destinada en la Real Acequia del Jarama y la 5ª se destinó a la construcción de la Academia de Infantería de Toledo.
A las Colonias se les encomendaba: “La organización y utilización de los penados en la ejecución de obras públicas o particulares, y en la explotación, con carácter provisional o permanente, de determinadas industrias, cuando éstas tengan carácter de nuevas o no siéndolo, y sí necesarias o convenientes para la Economía Nacional…”.
En total, llegaron a trabajar en estas Colonias cerca de 5.000 reclusos; de ellos, 1.443 lo hicieron en la Segunda Agrupación de Colonias Militarizadas en Montijo, presos políticos republicanos que “redimían penas” a razón de 3 días por día trabajado como esclavo en unas condiciones muy duras.
Las empresas que contrataban a los presos pagaban un jornal de 14 pts. al día al Estado y este se quedaba con 13´50. La adjudicación de las obras se realizaba según el número de prisioneros que las empresas se comprometían a contratar. De esta forma surgieron las grandes empresas constructoras de la posguerra que hicieron un gran negocio con mano de obra esclava: José Banús, San Román (filial de Agroman), A. Marroquín, Huarte, etc. En España no han reparado a estas personas el dinero que les quitaron mediante la coacción, como se ha hecho en Alemania.
El Decreto del 28 de mayo de 1937 establecía que el penado cobraría un jornal de 2 pts. diarias, de las cuales 1’50 se destinaban a su manutención y 0’50 para él. En caso de tener familia en la zona nacional percibiría 2 pts. más para su mujer y 1 por cada hijo menor de quince años. Sólo tendrían derecho a la percepción del subsidio “Los reclusos que están legítimamente casados y los hijos que tengan la calidad de legítimos o naturales reconocidos” (muchos presos se tuvieron que volver a casar por la Iglesia custodiados por los guardias).
Establecía el Decreto que se consideraban personal militarizado, debiendo vestir uniforme reglamentario y quedando sujetos al Código de Justicia Militar

IV. La 2ª Agrupación de Colonias Penitenciarias Militarizadas de Montijo

Historia cronológica
El proyecto técnico lo realizó Obras y Servicios del Cijara, en 1937, siguiendo el modelo de los campos de concentración nazis alemanes; se le denominó “Campamentos de concentración” (en Confederación Hidrográfica del Guadiana (Mérida) existen los planos originarios).
El 26 de diciembre de 1939 se aprobó la Ley de Bases de Colonización de grandes zonas, para poner en regadío tierras hasta entonces de secano y para repartir grandes fincas entre parcelas pequeñas y, de esta manera, asentar colonos. Se creaba el I.N.C.
El denominado por el Régimen “Plan Badajoz” de regadíos se anunció oficialmente el 1 de abril de 1940. En el B.O.E. de 10 de diciembre de ese año aparecía el Decreto “por el que se declara de interés nacional la colonización de la zona dominada por el primer tramo del canal de la Vega de Montijo, desde la presa de derivación hasta el río Alcazaba”. El 20 de diciembre del mismo año decía el HOY: “En menos de tres años estará construido el canal de Montijo. Tendrá 30 kms. Y se invertirán en la obra 18 millones de pts. La ejecución se emprenderá con las Colonias Penitenciarias Militarizadas”.
La obra del canal en total importaba unos 18 millones de pesetas y tendrá una extensión de 30 kms. El coste por hectárea útil regada fue de 1.200 pts. El plazo de ejecución era de tres años.
El 8 de febrero de 1941 anunciaba el HOY: “Cinco millones de pts. para obras en la presa de derivación de Montijo… darán comienzo dentro de un mes aproximadamente”. Las obras fueron adjudicadas a la empresa Vías y Riegos. Las obras de cimentación, con un coste de 2 millones de pts., fueron realizadas por la Administración, por lo que se dio trabajo a los parados. “El coronel Petrirena, Jefe de la Penitenciaría, a cuyo cargo se hallan las obras del canal de Montijo, margen derecha, abriga el propósito de comenzar dichas obras en los primeros días del próximo mes de marzo”.
A principios del mes de mayo de 1941 el dictador Franco manifestaba se deseo de visitar las obras de la presa del Cijara cosa que hizo el día 16 de junio. El día 12 de septiembre de este año visitó Montijo el coronel Petrirena con el fin de alquilar unos locales para guardar el material destinado a reanudar los trabajos del canal, que comenzarían en breve, a cargo de los prisioneros republicanos.
El 7 de diciembre de 1941 decía el diario HOY: “Las obras del canal de Montijo comenzarán en el próximo enero. Han sido adquiridos los terrenos donde será instalada la Colonia Penitenciaria. En la época de mayor desarrollo trabajarán más de mil penados”. Para organizarla estuvo en Mérida el general Petrirena, el coronel González Antonini también de las Colonias y el ingeniero Ignacio de Corsa. Ya habían empezado a instalar los presos, el personal director estaba en sus puestos, “y antes de fin de año se cuenta con tener cierto número de penados en la Colonia para atender a los servicios internos de la misma y a la apertura de los primeros tajos”.
José Pérez Rando, Capitán de Intendencia, era el Director de las Colonias de Montijo y Presidente de la Junta de Disciplina de las mismas, se encargaba de la vigilancia interior; a este le sustituyó el capitán José Rivera Juer, malagueño, quien estuvo desde el año 1943 hasta 1945 y procedía de la Comandancia de Ingenieros del 6º Cuerpo del Ejército.
La parte administrativa estaba a cargo del Cuerpo Penitenciario, al mando de un director y ocho oficiales de prisión; Francisco A. Méndez Lunar era el Oficial Jefe de los Servicios de Prisiones de las Colonias de Montijo, se encargaba administrativamente del control de los prisioneros. Al mando de los Guardias Civiles estaba el capitán Chacón.
El campamento de La Garrovilla estaba al mando del Teniente Coronel … Borges.
El recinto se encontraba rodeado de dobles alambradas de una altura superior a una persona y vigilado por fuerzas de la Guardia Civil en garitas.
El HOY de 22 de febrero de 1942 traía en portada: “El Consejo de Ministros declara urgentes las obras de revestimiento del canal de Montijo a los efectos de la aplicación de la Ley de 8 de septiembre de 1939”. El revestimiento de cemento, entre el origen y el perfil, se realizaría de forma experimental y su presupuesto era de 1.700.000 pts.
A finales de febrero de 1942 empezaron a construir un campamento en La Garrovilla, auxiliar de las Colonias, para destacar allí a prisioneros con el fin de construir un tramo del canal desde la presa.
El 23 de abril de 1942 falleció el oficial de las Colonias y comandante de Caballería Gonzalo Marcos Garrote. El HOY del día 28 describía el cortejo fúnebre donde estuvieron las autoridades provinciales y locales, los presos formados y la Banda de Música de Montijo interpretó marchas fúnebres.

Entre 1943 y 1944 llegan a las Colonias los últimos contingentes de presos.

A partir de 1943, las potencias aliadas presionaban a Franco para que soltase a los presos políticos. En abril se autorizaba la concesión de “libertad vigilada” a aquellos presos políticos que cumplían una condena inferior a veinte años. También serían liberados los presos que redimían penas por el trabajo “con tal de que sus antiguos patronos respondan de ellos”. En los pueblos se formarían Juntas Locales de Libertad Vigilada (formadas por el Alcalde, el párroco y una señorita “caritativa y celosa” de la Sección Femenina) para controlar a los que llegaban con la libertad condicional. Realizaban visitas periódicas a sus casas y, a primero de cada mes, recibían informes elaborados por los propios liberados.
Se concedería la libertad vigilada a muchos presos de las Colonias.
El 4 de octubre de 1943 se constituyó en Montijo la Junta Local. El 12 de agosto de 1944 contestaba el alcalde a la Junta Provincial que no se podían recibir en Montijo más expresos desterrados debido al problema de falta de viviendas “por residir en la misma un número bastante elevado de penados en libertad condicional que han fijado su residencia en esta población”. En 1945 volverían a sus poblaciones de origen los 34 libertos que vivían en Montijo.

Procedencia geográfica de los presos
En total, llegaron a trabajar 1.443 presos republicanos en la Segunda Agrupación de Colonias Militarizadas en Montijo, de los que hay constancia documental, con nombres y apellidos, en los Archivos públicos. Casi un 20% fueron presos extremeños. Así mismo un 29,5% fueron presos andaluces, y un 12,4% de presos catalanes, entre otras procedencias.

                   Presos en la plaza de las Colonias. Foto cedida por Marcelino Rodríguez.

Como podemos observar, la Región andaluza en la que participan todas sus ocho provincias, fue la que más presos políticos aportó a los trabajos llevados a cabo en la construcción del Plan Badajoz, desde la Segunda Agrupación de las Colonias Militarizadas en la localidad de Montijo.
Extremadura ocupó el segundo lugar, siendo la provincia de Badajoz la que más aportó de todo España con 254 presos políticos, es decir, el 19,4 % del total y alcanzando el 90,3 % en su aportación regional. No obstante, la participación exterior a la provincia de Badajoz fue de un 82,3 % del total, siendo las regiones de Andalucía, Cataluña y Castilla la Nueva las que enviaron el mayor contingente que supuso un 55% de todos los participantes.
Participaron en la construcción de una parte del Canal de Montijo y de una parte de la presa del mismo nombre.
Los presos vivían una existencia desarraigada, lejos de sus habituales lugares de residencia y en condiciones infrahumanas. Además, el trabajo que realizaron, sobre todo en los primeros años, fue de gran dureza por la falta de instrumentos técnicos y por la propia situación de los campamentos.

Las profesiones de los reclusos
Si sumamos las personas que por su profesión estaban relacionadas con la agricultura, obtenemos que el 46,6 % del total eran campesinos, la profesión que sigue cuantitativamente al campesinado fue la de los albañiles con un 11,4 %. La profesión de chófer y mecánico, que en la mayoría de los casos venían conjuntamente, supusieron un 5,3 %. Las profesiones universitarias supusieron un 0,3 %.

Organización de las Colonias
Quien dirigía las obras de la presa y el canal era la empresa Vías y Riego cuyos ingenieros fueron: el primero Ignacio de Corsa –que a su vez tenía como encargado a …Bejarano, de Mérida, y como delineante a Eduardo de Orduña, padre del que fuera Presidente de la Diputación hace pocos años-, a éste le sucedió en 1946 Manuel Bada, a éste Ricardo Ancos y por último el teniente coronel de Ingenieros Máximo Briones Blanco que terminó las obras proyectadas.
La distribución de los pabellones era la siguiente:

                              Croquis de las Colonias realizado por Olmo Melara Roque.
Al Oeste, de norte a sur, estaban el pabellón del Economato, el pabellón de los Comedores de los presos, Comedor de Jefes, Cocina-despensa y Panadería, el pabellón de Intendencia, el de Vestuarios y del Guarnicionero, tres pabellones de los Dormitorios de los presos (había literas de tres pisos) cuyas puertas de entrada daban a la plaza central y las puertas falsas al poniente, y el pabellón de las Oficinas (la principal, la del Comandante de Intendencia y la relacionada con los presos) y Enfermería.

                                             Pabellón comedor. Foto de VISAM.
En la zona central estaban, arriba los Almacenes y el Cuartel de los Soldados, el pozo con el depósito elevado, y en el sur la puerta de control a cuya izquierda estaba el Puesto de los funcionarios de prisiones y a la derecha la Capilla.

                            La torre vigía en un pabellón dormitorio y depósito del agua.
Al Este del campamento, de norte a sur, estaban la Vaquería, en medio el Taller mecánico y el de carpintería, el Almacén de Cemento que daba a la plaza central, el pabellón de la Granja de los Animales, y el Parque de Ingenieros pegando a éste. Al sur estaba el Cuartel de la Guardia Civil y al saliente estaba la casa donde vivía el capitán Rivera.

Foto aérea de las Colonias realizada en el año 1945

                             Dibujo de las Colonias realizado de memoria por Pirrongellí en 1950.
Todos los pabellones estaban construidos con bloques y ladrillos y la techumbre con una armadura de tirantes de hierro recubiertas de uralita, con lo que en invierno hacía un frío tremendo y en verano un calor agobiante.
El perímetro exterior estaba cerrado con una doble alambrada de espinos (sin fosos) y en sus ángulos había garitas de vigilancia menos en el sureste que estaba el Cuartel de los Guardias Civiles. En las garitas vigilaba este cuerpo militar.

                                            Guardias Civiles en las Colonias.

                    Guardias de Prisiones en las Colonias. Foto del preso Antonio Molina.
En el pabellón de La Garrovilla había brigadas de 18 a 20 presos al cargo de un capataz. También había un listero. Construyeron además del trozo de canal el sifón de Lácara. Trabajaban por el año 1945 con el sistema de “primas” impuesto para acelerar la terminación de las obras por lo que cobraban 12 pts. cada uno al día.
Cada preso tenía que llevar colgada al cuello una placa con el número identificativo.
La distribución de la jornada era la siguiente: por la mañana se levantaban a las 6, tras lavarse tomaban una taza de café-chicoria y comenzaban la jornada de trabajo que era de 8 horas: 4 por la mañana y 4 tras la comida.
Se organizaban en brigadas de 40 reclusos cada una, al mando de un capataz que también era preso, e iban al trabajo escoltados por fuerzas de la Guardia Civil al mando de un Teniente.

                                 Brigada de presos de las Colonias de Montijo.
En el interior del campamento y en el trabajo no existieron malos tratos ni castigos, pues el que cometía alguna falta era enviado a la prisión de origen a cumplir la condena completa.
El día de Navidad visitaban las autoridades “civiles, eclesíasticas y militares” de Montijo las Colonias y tenía lugar una misa, una comida y “un acto de confraternización con los mandos militares del centro”.


Comida de confraternización del Ayuntamiento y el párroco con los mandos de las Colonias el Día de Navidad de 1943. Foto de Amalia Torres.

Los domingos y días de fiesta no se trabajaba. Todos acudían forzosamente y formados a la misa que celebraba en la capilla de la plaza el capellán Ignacio Llanos.

                                                  La capilla de las Colonias.
En algunas fiestas señaladas, por las mañanas, eran trasladados obligatoriamente -andando y esposados- a la parroquia de San Pedro para oír misa, formando una larga cola custodiados por los guardianes.
Las únicas visitas que recibían los presos –tras las alambradas perimetrales- eran de familiares: esposas, padres e hijos, que solían estar “recogidos” en alguna casa de Montijo o vivían en la barriada de los chozos junto a las Colonias. Algunas mozas del pueblo se enamoraron de reclusos y se casaron; ellas los visitaban los domingos tras las alambradas.

La barriada de chozos de las Colonias. Al fondo el silo del SENPA. Foto cedida por el Archivo Municipal.

                                   Esposa e hijos de preso que vivían en Montijo.
A los presos no se les permitía salir para nada ni al entierro de algún familiar cercano.
El servicio de limpieza estaba a cargo de los presos. Para hacer sus necesidades utilizaban unas letrinas que eran zanjas abiertas, de vez en cuando eran tapadas y sustituidas por otras.
Cuando enfermaba algún preso eran visitados por una Practicante y si esta no podía dar solución, eran visitados por el médico falangista José Maria Ruiz Parejo. En los casos de gravedad eran trasladados a Badajoz.
Francisco Luengo Bote (natural de Logrosán), un boxeador de Miajadas llamado Masa y cinco presos políticos más fueron los primeros que llegaron al campamento de Montijo.
El jefe de Intendencia era el comandante Díaz Criado que fue el que organizó la puesta en funcionamiento de todo el entramado para el autoabastecimiento de alimentos para los presos. Había que darle de comer por las noches y las madrugadas a los mulos y al resto del ganado por el día. Durante el día se iba a ver si estaban bien hechas las rampas de acceso al hoyo del canal por donde tenían que subir los mulos.
El cocinero principal era Fernando, andaluz. También estaba Antonio Molina, cordobés comunista. En invierno les ponían en las comidas a los presos vino para quitarles el frío.
Pronto se pondría en marcha una granja para autoalimentar a los internos de las Colonias. Construyeron los pabellones para los mulos que ya estaban allí desde hacía tiempo (estaban pegando al Almacén de Ingenieros del campamento), las granjas de gallinas, de cerdos, de ovejas y la vaquería. Una vez construidos los barracones compraron pollas y 500 gallinas en la Granja Pecuaria de Badajoz de las razas castellana, rode, prada y lego, unas ponedoras y otras para carne. Compraron sesenta y tantos cerdos para cebarlos, ovejas para carne que eran cuidadas por un pastor libre de Montijo (Andrés López Díaz) que vivía en “los chozos de las Colonias” -barriada que se fue formando con los familiares de los presos- junto a la Charca de los Bueyes. Pusieron en funcionamiento una vaquería con siete vacas suizas de leche y compraron terneras para recebarlas.
Tenían una huerta donde sembraban ajos, habas, cebollas, tomates, etc. para el consumo interno del campamento, pero tenían también que comprarles productos a los hortelanos que había más abajo del ferrocarril. Sembraron los eucaliptos y se organizó la reforestación y el transporte.
El Reglamento del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, dirigido por el general católico Petrirena, obligaba que -para ver si aguantaban ese trabajo tan duro- los presos tendrían que trabajar un mínimo de veinte días en el canal.

Presos cortando piedras vigilados por un guardia civíl. Foto cedida por Confederación Hidrográfica del Guadiana.

El trabajo en las canteras y en las obras del canal era muy penoso, a algunos presos los devolvían a sus cárceles de origen “por falta de rendimiento”, porque no eran capaz de aguantar un trabajo tan fuerte con una comida tan escasa durante mucho tiempo. Uno de los que vivía en el pabellón “Lacara” -cerca de Torremayor- se mató al caérsele encima una vagoneta; cuando lo llevaron a las Colonias iba reventado.

Presos trabajando y raíles de las vagonetas. Foto cedida por Confederación Hidrográfica del Guadiana.

A los presos que tenían “buena conducta” les daban permisos los días de fiesta para salir al pueblo, pero tenían que ir acompañados por soldados o guardias civiles quienes se hacían responsables de su regreso “vivos o muertos”. Entraban en bares y bailes, compraban tabaco y conocían a muchachas del pueblo de las que se solían enamorar. Algunos terminarían casándose con ellas.
La 2ª Agrupación de Colonias Penitenciarias Militarizadas estaba integrada por varios centros de trabajo cada seis o siete kilómetros: los pabellones de La Garrovilla, donde se empezó a trabajar el canal de Montijo después de la guerra civil, los pabellones Lacara cerca de Torremayor, enfrente de los cuales había una casa para los jefes militares, el campamento principal de Montijo donde estaban las oficinas, los mandos y la mayor parte de las dependencias, una avanzadilla de diez mulos estaban en un pabellón junto al cortijo de Buenavista por el camino de la finca La Rabuda.
Había un jefe de cuadra y tenia la función de tener bien asistidos los animales y dárselos a los presos todas las mañanas preparados.


Presos trabajando en una zona con el nivel de agua freática muy elevado. Foto cedida por Confederación Hidrográfica del Guadiana.

En la estación de ferrocarril de Talavera la Real había otros pabellones para hacer aquél tramo final del canal, pero allí trabajaban obreros libres de una empresa de Badajoz -Cubiles- que tenía fama de pagar a los trabajadores con mucho retraso.
El campamento de Montijo se construyó en el sitio de “la Majadilla”, en una finca propiedad de Francisco Molina (después Maria Gómez Gómez) que fue vendida al Servicio central de Colonias Penitenciarias Militarizadas en 1939. El 16 de abril de 1944 comprarían otro terreno al sur de aquél a los herederos de Francisco Carretero Caballero, con una extensión de 34.107 mts. cuadrados por 20.464’50 pts.,“para la instalación del Campamento del personal del servicio que actualmente ejecuta las obras del Canal de Montijo” (escritura de compraventa nº 182. Registro de la Propiedad Nº 2 de Mérida). Estaba situado en una loma al norte del futuro canal.


Construyendo la presa. Foto cedida por Confederación Hidrográfica del Guadiana.

Organización político-clandestina de los presos dentro de las Colonias
Respecto a la convivencia entre los presos era aparentemente buena pues no podían llegar a las manos debido a las represalias, pero existían fuertes discusiones políticas entre socialistas, comunistas y anarquistas, continuación de las luchas intestinas en el Frente Popular durante la guerra civil.
Dentro de las Colonias se organizó el Partido Comunista con los camaradas que había. La estructura clandestina era la siguiente: el grupo más reducido era la Troica compuesto por un responsable y dos miembros más, la Célula (ellos le llamaban “la C”) integrada por tres Troicas con un responsable y ocho más, y el Grupo compuesto por tres Células con un responsable y 26 camaradas más.
Para evitar la caída de toda la organización sólo se conocían los tres de la Troica y el responsable conocía a uno de la Célula, por lo que en caso de delación sólo caían cuatro. El trabajo político de la organización consistía en:
1) traer periódicos al campamento y distribuirlos entre los camaradas para que estuviesen informados de lo que estaba pasando de verdad en la Guerra Mundial y las posibilidades de que los Aliados invadiesen España para establecer un régimen democrático. Compraban en Montijo periódicos como “El Século” de Lisboa que daba noticias más fidedignas de la realidad y que se los proporcionaba un churrero.
2) ponerse en contacto con la organización regional y nacional del partido.
3) obtener fondos para ayudar a los presos y familiares que estuviesen necesitados y para comprar prensa; Solían sustraer de vez en cuando diez litros de leche y dos docenas de huevos para entregar su valor en pesetas a la organización.
Para la derecha de Montijo (la Gestora Municipal, el párroco y los jerarcas de Falange) las Colonias eran “un nido de rojos” que contaminaban a los buenos ciudadanos. En el país, los que sustentaban al Régimen de Franco tenían miedo de que las potencias vencedoras de la Guerra Mundial (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) invadiesen España para restablecer la democracia y liberasen a los presos políticos de las cárceles; éstos tenían gran esperanza en su pronta liberación y soñaban con el día. Para acabar con ellos, la derecha montijana ideó asaltar las Colonias una noche del año 1943, pero la Guardia Civil se informó por un confidente por la tarde y preparó el recibimiento de los fascistas, pues los jefes de Colonias estaban totalmente en contra.
Los presos se organizaron en grupos, armados con lo que pudieron encontrar, dispuestos a arrojarse por las ventanas contra los fascistas. Aquella noche pudo haber una carnicería pero los vigilantes del campamento consiguieron parar a los agresores que llegaron al puente de acceso a las Colonias sobre el canal en un gran número. Las mujeres que iban a visitar a los presos se refugiaron debajo del puente llenas de terror.
Aquél hecho fue muy comentado en el pueblo por aquellos días pero no se publicaría en los medios de comunicación, la sed de venganza de los vencedores era tremenda y el miedo a un levantamiento de “los rojos de las Colonias” enorme.
En otras ocasiones hubo algunas fugas de presos.
Antonio Doroteo López-Rodríguez, historiador de Castuera, ha encontrado, en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, signatura (7) 15.04 41/11938, la evasión de varios presos:
-La ocurrida el día 9 de mayo de 1942: Manuel Ralos Alcuna, Mario Marchello Palomo, Juan Souza Tovar y José Hernández Vázquez.
-Evasión el 15 de octubre de 1942 de un penado del Destacamento de la Garrovilla: Juan Antonio López Patricio)
-Evasión del recluso Juan Ángel Gil Gomero el 14 de diciembre de 1942.
Se investigó las responsabilidades que pudieron haberse dado por parte de los funcionarios de Prisiones adscritos a las Colonias.
Tras estos sucesos eliminaron los permisos de salida de los presos por Montijo durante tres fiestas.
-El Partido Comunista consiguió la fuga en 1945 de dos camaradas, uno era el responsable de ellos (un joven de Madrid) y el otro Martín Fernández, alias “Cuenco”, de Navalvillar de Pela, habían fusilado a su padre y a dos hermanos.
Salieron a las tres de la tarde, se fueron en tren a Portugal con pasaportes falsos y de allí a Méjico.

Expresos de las Colonias que se quedaron a vivir en Montijo, en el penal de Burgos tras ser detenidos en 1947 por hacer propaganda en contra del Referéndum sobre la sucesión de Franco. Foto de Apolinar Camazón Témez.

Publicaciones
Como dijimos arriba, el Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo publicaba el periódico “Redención” escrito por presos y con gran influencia de la Iglesia; era la única publicación que se permitía leer a los penados. Las Colonias de Montijo publicaban además, a partir de la creación de la Hermandad Obrera de Acción Católica en noviembre de 1946, el boletín “El Canal»; fue publicado esporádicamente hasta finales de los años cincuenta. Sus mensajes eran “El hombre ocioso es en la sociedad un miembro inútil”, “El obrero que gana una buena prima puede ahorrar un duro todos los días” promoviendo el destajismo. Y de orientación católica hacia los trabajadores: “¿A qué misa vas los domingos Juan?” –Yo a la de los hombres, a las ocho y media, en la Parroquia”, “¡Empresario católico! Tus trabajadores ¿oyen el Evangelio?, ¿conocen a Jesús?”…

Los presos empiezan a salir de las Colonias

Mediante la amnistía concedida por el Gobierno de Franco a varios miles de presos políticos por la ley de 13 de marzo de 1943. Les concedió a los condenados a las penas de menor entidad la libertad condicional. La ley de 22 de mayo sobre libertad vigilada estableció, en su artículo octavo, las Juntas Locales del Servicio de Libertad Vigilada. Y en junio se creó la tarjeta de libertad vigilada.

En el año 1945 la Junta de Libertad Vigilada decidió echar de Montijo a los presos que se habían quedado a vivir allí como libertos.
Las libertades concedidas en el periodo 1941-46: podemos observar como aumentan espectacularmente en el año 1942 y a partir de este año continúan creciendo hasta alcanzar el máximo en el año 1945 con un 31,5 % del total. En este último año se habían liberado ya el 84,2 % y en 1946 se encontraban sólo el 15,7%.

Dice Antonia Gómez Quintana: “En 1947 la Administración de la 2ª Agrupación de Colonias Penitenciarias Militarizadas de Montijo la constituían militares, el 6º Tercio de la Guardia Civil, además de diez caballeros mutilados, un maestro herrador, dos Tenientes y dos soldados pertenecientes a otros cuerpos (datos sacados del Archivo Administrativo Municipal de Montijo, Sección Correspondencia- 1947)”

Los presos que seguían trabajando en las Colonias cuando Franco suprimió la de Montijo fueron trasladados a la de Los Merinales, en Sevilla, a las obras del canal del Bajo Guadalquivir.
Los expresos siguieron trabajando como obreros libres en las obras de regadío. Una vez que los presos salían en libertad condicional a finales de 1945, desterrados de sus pueblos, se quedaban a trabajar como obreros libres en las obras del Plan Badajoz (canal, acequias, construcción de los poblados, etc.).
Las empresas concesionarias encargadas de realizar todo el entramado de canalillos, acequias, pueblos nuevos, etc., en las Vegas Bajas eran: Ferroviaria por la zona de Torremayor, Elma y Telma por Lobón, Mototo por Montijo, Cubiles, Solana, Entrecanales y Tábora, etc. Estas contratarían a muchos ex-presos una vez que salían de las Colonias en libertad condicional.

De las canteras de cal “Los Almendros”, en Torremayor, y la de La Garrovilla obtenían el material para encalar los pueblos nuevos y las parcelas recien construídas.
El teniente coronel Máximo Blanco controlaba la gravera situada en la desembocadura del río Guadajira, en la finca La Vara. Los destajistas ganaban doble jornal, 18 pts. al dia más la comida.
El expreso Demetrio Luengo Bote dice: “antes había 20 hombres trabajando y sacaban 65 vagonetas al día, pero tras su reordenación del trabajo sólo quedarían 9 trabajadores y un pinche y sacaban de 160 a 180 vagonetas por día. A cambio de ello le concedieron una prima. El encargado general era José Plata, malagueño que había sido comandante del Ejército republicano. Había en la obra treinta capataces.”



Expresos de las Colonias trabajando como obreros libres en el Plan Badajoz, dirigidos por el capataz Apolinar Camazón Témez. Foto de este.

El expreso Apolinar Camazón Temez nos dice también: “lo normal era obtener diariamente 4 vagonetas con 4 metros cúbicos de tierra, pero al tener prisa las obras, permitieron la llamada “prima” que eran vagonetas fuera del cupo. El Ingeniero cobraba de la empresa 11 pts. por cada metro cúbico de tierra y le pagaba a los obreros sólo 3, ello provocó un plante consiguiendo estos 5 pts. por vagoneta. Pasado un tiempo, al ver la administración que había grupos que obtenían 7 vagonetas suprimió el sistema de primas.”
La primera huelga por motivos laborales que se organizó en esta comarca en la posguerra se hizo en la empresa Solana, constructora de acequias en las Vegas Bajas. Se distribuían de forma clandestina entre los obreros los periódicos “Mundo Obrero”, “Solidaridad Obrera” y “Extremadura Libre”.
El 18 de diciembre de 1945 el dictador Franco visitaba el Plan Badajoz: Villanueva de la Serena, Don Benito, Mérida y Badajoz. Dijo “he de anunciar a estos magníficos campesinos, a estos sufridos labradores de estas pardas tierras extremeñas que vamos a empezar la obra de su redención”. La Orden Ministerial de 30 de mayo de 1945 había regulado “la tutela”, es decir, las relaciones entre el I.N.C. y los colonos.
El HOY del día 26 de diciembre decía que Franco decidió “retirar de las Colonias Penitenciarias de Montijo a los penados que en ella trabajan, quedando los campamentos a disposición de los obreros agrícolas en paro que deseen ir a dichas obras”. A finales de año existían 150.000 jornaleros en paro en Extremadura. Poco a poco los penados serían sustituidos por obreros libres, algunos de los cuales eran antiguos presos.
La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) se creó oficialmente en España en noviembre de 1946 y comenzó a organizarse entre los trabajadores de las Colonias; creó el denominado “Apostolado de Empresa” que se encargaba de dar charlas religiosas cada quince días al comienzo de la jornada laboral de las Colonias y que se pagaba como tiempo de trabajo. Su finalidad era imbuir el pensamiento católico en los trabajadores y retornarlos al redil de la Iglesia.

Un lugar de la memoria

Aún hoy, se conservan en Montijo, los restos de los barracones de aquellas Colonias Penitenciarias y los restos de la vivienda del Comandante jefe de la misma.
Nada hay sin embargo, a lo largo del Canal, en parte de cuya construcción del mismo participaron forzadamente presos republicanos, que lo recuerde o simplemente mencione.
Se trata por ello de sensibilizar a la sociedad extremeña actual sobre acontecimientos del pasado que han sido silenciados de forma indigna. Es una obligación legal y democrática el reconocimiento público, al menos simbólicamente, de las personas que fueron objeto de la represión, y obligadas a realizar trabajos civiles en duras condiciones de precariedad y sufrimiento, entre esas actuaciones está sin duda la conservación de aquel Paraje natural o sitio histórico.
Desde el año 2002 vienen pidiendo partidos políticos y asociaciones memorialistas que se declare el recito Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, para después adquirir las instalaciones y reconstruirlas como un centro de interpretación para que sean visitadas por todos los que lo deseen y se les explique lo que no debe repetirse nunca más en España.

Bibliografía utilizada
*Falquina, A. y otros (2008): “Arqueología de los destacamentos penales franquistas en el ferrocarril Madrid-Burgos: el caso de Bustarviejo”, Complutum (Madrid), 19 (2): 175-195.
*García Cienfuegos, Manuel. “Las obras hidráulicas en la provincia de Badajoz. El proyecto del ingeniero Manuel Díaz-Marta sobre los riegos de las Vegas Bajas y el canal de Montijo”. Publicado por la Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura en 2016.
*Gómez, G. (2007): La Redención de penas. La formación del sistema penitenciario franquista (1936-1950). Madrid: Catarata.
*Gutiérrez Casalá, José Luís. “Colonias Penitenciarias de Montijo”. Editora Regional. 2003.
*Lafuente, I. (2002): Esclavos por la patria. Madrid: Temas de hoy.
*Memorias de la Dirección General de Prisiones.
*Molano Grgera, Juan Carlos. “Demetrio Luengo Bote, de guerrillero en la Serena a preso en las Colonias de Montijo”. Revista Ars et Sapiencia. Diciembre de 2004.
*Molano Gragera, Juan Carlos. “Apuntes para la historia de la Falange en Montijo”. Editora Regional. 2010.
*Olaizona Elordi, J. (2006): “Trabajo forzado y ferrocarril. Destacamentos penales y construcción de infraestructuras ferroviarias”. IV Congreso de Historia Ferroviaria, Málaga: 1-28.
*Presos del canal del Bajo Guadalquivir: http://www.youtube.com/watch?v=69QgVg0i19E
*Quintero Maqua, A. (2009): El trabajo forzado en el franquismo. Tesina inédita, Facultad de Geografía e Historia, Universidad Complutense de Madrid.
*Rodrigo, Javier (2005): Cautivos. Campos de Concentración en la España franquista, 1936-1947. Barcelona: Crítica.

                         Recopilado por Juan Carlos Molano Gragera en diciembre de 2012

Juan Carlos Molano Gragera
Juan Carlos Molano Gragerahttp://historiasdemontijo.com
Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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