Los trajes tradicionales de Montijo

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Este estudio lo publicamos Caty y María José Soltero López y yo, en abril de 1981, con el título “Trajes típicos de la comarca de Montijo”, después de haberse realizado la Exposición de Trajes Típicos en el Ayuntamiento en el mes de agosto de 1980, gracias a la cual renació el movimiento folklórico en nuestro pueblo.
Ahora amplío el estudio inicial.

Introducción

Es muy dudoso que aquellas prendas que hoy tratan de conformar los vestidos “típicos” de España respondan a lo que de verdad se colocaban aquellas personas que vivían en los siglos anteriores al XX, no solo en Montijo.
Desde tiempos muy antiguos han existido diferencias de los trajes dentro de una misma comunidad humana según la clase social a la que se pertenecía, desde los íberos y los celtas, los romanos, los visigodos, los árabes, etc. Cuando vemos las fotos antiguas del siglo XIX y comienzos del XX comprobamos cómo cada clase social viste de una forma: los obreros, los artesanos, los labradores o la burguesía se distinguían por su vestimenta.
Por ello no podemos hablar de un traje «típico» de Montijo o de cualquier zona. Es verdad que han existido una serie de prendas peculiares que solían usar determinados sectores sociales, dentro de los trajes generales existentes en esa época en España o Europa. Prendas que desarrollaban una tradición específica de esa zona geográfica por las influencias recibidas a lo largo de su historia.
Por lo dicho, las pinturas que nos han llegado desde el siglo XVIII no son muy parecidas a lo que hoy conocemos como trajes típicos de Badajoz. Para comprobarlo basta con que demos un vistazo a las pinturas que realizaron los artistas en aquellos siglos. Como estos que representan a extremeños a finales del siglo XVIII:

Dibujante Manuel de la Cruz y Grabador Juan de la Cruz Cano y Olmedilla. «Colección de Trajes de España tanto antiguos como modernos que comprehende todos los de sus dominios»
Madrid: Casa de M. Copin, 1777.

Labrador de Extremadura. Colección de trajes de España. Grabado de J. Ribelles y J. Carrafa publicado en 1825.

Mujer de la provincia de Badajoz. Pintura de Nicolás Megía Márqueas. 1872-1873. Biblioteca Nacional de España. Madrid.

                                                 Postal de comienzos del siglo XX.

Estos dibujos del siglo XX tampoco respondían a los trajes tradicionales de Badajoz:

Dibujo tomado de TRAJES TÍPICOS REGIONALES de modaenlahistoria.blogspot.com

Recomiendo la lectura del trabajo «La indumentaria tradicional en la construcción de la identidad extremeña», de Juan M. Valadés Sierra, Museo de Cáceres. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Volumen LXVIII, n.º 2, pp. 331-358, julio-diciembre 2013. También «La indumentaria tradicional de Extremadura» escrito por Mª. de la Vega García Ballesteros, Jerónimo Fernández Moreno, Andrés Hurtado Vinagre y Vicente Novillo González. Cuadernos Populares Nº 58. Editora Regional de Extremadura.

La investigadora del CSIC Carmen Ortíz, en su interesante trabajo “Folclore, tipismo y política. Los trajes regionales de la Sección Femenina de Falange”, dice lo siguiente: “… los llamados trajes regionales españoles han funcionado y siguen funcionando en la actualidad como una construcción cultural compleja … en este proceso de invención de la tradición… la época dorada en la que se crea la idea de que, en España, el pueblo viste de un modo artístico, propio, antiguo y espectacularmente rico y variado, podría situarse entre la colección de grabados representando trajes de Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1777) y las fotografías de “España. Tipos y Trajes”, de José Ortiz Echagüe (1930)… Las estampas de Cano y Olmedilla enseñaban un abanico rico y variado de tipos populares cuyo sabor local radicaba en su indumentaria.
A partir de mitad del siglo XIX comienza a difundirse el discurso que establece que la modernización conlleva la desaparición inexorable del traje de los “reinos” de
España y su sustitución o rescate, y su conversión en traje “pintoresco”, “popular”, “regional”, “provincial” y finalmente “tradicional …”
“… durante el primer tercio del siglo XX, desde el ámbito de la investigación folclórica se va conformando un corpus de materiales elaborados y de colecciones sobre la indumentaria tradicional española que configura, en una parte no desdeñable, lo que sabemos hoy en día sobre este tema. Así, a partir de las enseñanzas de Luis de Hoyos en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio que comienzan en la década de 1910, se producirá el primer acopio de datos obtenidos sobre el terreno acerca de la variedad de trajes populares en el ámbito nacional… En el seminario de etnografía y en el de labores mantenidos en la Escuela Superior del Magisterio en Madrid, se llevarán a cabo una serie de memorias de investigación de fin de carrera que tendrán como objeto la indumentaria tradicional de distintas localidades y áreas, y que aportarán por primera vez documentación fotográfica, patrones y dibujos de las prendas, muestras de tejidos y materiales, terminología propia, etc.
Esta labor de Luis de Hoyos y sus colaboradoras culminará en la Exposición del Traje Regional Español en 1925 y en la creación del primer Museo del Traje, antecedente del Museo del Pueblo Español (posteriormente convertido de nuevo en el actual Museo del Traje)…”
Lourdes Morales Farfán, del Museo del Traje de Madrid, nos aclara lo siguiente:
“… la sala dedicada al Traje Regional, un tipo de ropa que se encontraba en ese período en estado de abandono en las zonas rurales. Ante esta paulatina desaparición, los intelectuales comienzan a documentar estas variadas prendas. Así, comienzan a surgir estudios realizados por los etnógrafos, y artistas como Sorolla las pintará en sus cuadros como un rasgo de identidad, mientras los museos comienzan a guardar estas vestimentas como algo significativo en la historia de España.
Se podrían clasificar en dos tipos básicos: los trajes típicos, que son aquellos que se visten en determinadas zonas del país y que son diferentes dependiendo de la zona, y los trajes festivos. Sin embargo, también podemos incluir aquí la indumentaria de trabajo, formada por prendas que cumplen con determinadas funciones. Así, encontramos la «ropa de faena», hecha con materiales especialmente resistentes, y los «uniformes», que permitían reconocer el producto al que se relacionaba su portador y la zona de la que venía.”
En el blog de Miguel Méndez “La mejor tierra de Castilla” publica un artículo titulado “El traje tradicional en Talavera y su tierra, cuestiones históricas”, donde dice entre otras cosas:
“… Quienes han estudiado la indumentaria popular consideran que los que se deben estimar como trajes tradicionales son los que se fijaron y estabilizaron entre 1750 y 1880, década en la que se inicia tímidamente la trasformación económica e industrial de España, aunque en muchos de nuestros pueblos ese periodo podríamos ampliarle hasta principios del siglo XX. En muchos casos, lo que ha sucedido es que se ha tomado como traje típico el traje de fiesta o de gala que utilizaban los campesinos algo más pudientes en nuestros pueblos y, de ahí por ejemplo, el uso generalizado del mantón de Manila o mantones con bordados locales, que aparecen en muchas fotos decimonónicas, mientras que nunca se ven en esas los corpiños que hoy día llevan muchos de nuestros trajes y que realmente fueron introducidos en muchos casos por la Sección Femenina…
Son por tanto de gran valor las láminas, grabados, pinturas y viejas fotografías las que nos pueden ayudar para establecer una secuencia del traje tradicional en una zona concreta. Y debemos hacer una mención especial a las colecciones fotográficas de diferentes localidades que han sido editadas en los últimos años por muchos de nuestros ayuntamientos, a pesar de que las instantáneas nos ayudan principalmente en lo referente al traje de diario o de trabajo.
… se ha fabulado con diseños fantásticos que nada tienen que ver con la indumentaria local que históricamente se ha utilizado en esas comarcas.
Abundan más los mapas parciales que señalan una característica determinada de un traje y su evolución histórica. Un ejemplo clásico de ello es el mapa de principios de siglo elaborado por Luis de Hoyos sobre la evolución de las prendas de busto en el hombre…
También se da el caso de que se haga en una población un diseño a posteriori de un traje típico que ha sido ideado por intelectuales o artistas basándose en algún aspecto simbólico de su cultura o su artesanía…”


Desde hacía mucho tiempo veíamos con tristeza como se habían perdido la mayoría de las tradiciones y costumbres propias de Montijo, sin que nadie hiciese nada por reparar esta situación.
Como primera aportación creímos conveniente organizar, recién entrada la primera Corporación democrática en el Ayuntamiento en mayo de 1979, una conferencia para explicar a los montijanos cual había sido el traje “típico” de nuestra comarca desde siglos atrás. El objetivo marcado con aquella charla se consiguió sobradamente: a partir de entonces vimos como salían a la calle muchos niños y jóvenes vestidos con el traje tradicional.
Continuando con esta concienciación ciudadana, organizamos en el salón de sesiones del Ayuntamiento una Exposición de Trajes Típicos, desde el 1 al 15 de agosto de 1980, gracias a la colaboración de muchas vecinas que cedieron gustosas sus prendas. En julio mandé yo como alcalde una carta donde decía: “Esta Corporación Municipal se propuso desde el primer día promocionar las costumbres y tradiciones propias de nuestro pueblo, hoy desgraciadamente alvidadas. Tenemos que dar a conocer a los jóvenes montijanos nuestra riqueza cultural, para que sean ellos los que continúen la bella tarea de recuperar nuestro folklore… Los objetos que deseamos exponer son todos aquellos que pertenezcan a los trajes típicos extremeños: refajos, mantones, jubones, sombreros, medias, botines, aderezos, pañuelos, puntillas, etc…”
Al final de este estudio puedes leer un Anexo con el listado de nombres, domicilios y prendas que cedieron las vecinas de Montijo para la exposición.

Foto de Manuel Vargas, de la Exposición. Los maniquíes eran de los Horacio, el traje de la izquierda de Angela Rodríguez, el del centro y el de la derecha de Magdalena Alonso.

                        Otra vista de la Exposición; la maniquí esta vestida de labradora. Foto de Sanfer.

Si creemos conveniente darle publicidad al estudio que hoy nos ocupa (abril de 1981) se debe a la gran confusión que se está creando en nuestro pueblo: vemos como se mezclan elementos del traje de Don Benito, herencia del impuesto en toda la provincia de Badajoz por la Sección Femenina durante la Dictadura, con el nuestro, o combinaciones del traje de Gala con el de Aldeana.
Con el ambicioso objetivo de cortar este desorden, sacamos a la luz nuestro trabajo, fruto de largas horas de charla con los ancianos de nuestro pueblo.
El origen de estos trajes está en las raíces del pueblo, puesto que los padres los transmitían a sus hijos con mucho cariño y respeto, retocándolos y adaptándolos a las modas de cada época. Se utilizaban en todas las fiestas populares, tales como el Carnaval, romerías de San Blas o San Isidro, etc., en las que solían vestirse gran número de vecinos de forma individual o en cuadrillas.
Su uso se extendía tanto entre los jóvenes como entre los ancianos, sin ningún sentido de la vergüenza o del ridículo.

Características de los trajes de nuestra comarca

El traje utilizado en la comarca de Montijo es muy similar al genérico de Extremadura, aunque con algunas variantes o elementos personales que lo distinguen de otras zonas, tales como las de Don Benito, Olivenza o Fregenal de la Sierra. Pero no podemos afirmar que en esta comarca exista un traje que se distancie radicalmente del resto de la región, ya que se ha dado históricamente mucho intercambio de prendas de unas zonas a otras.
Cada clase social o gremio tenía su propia vestimenta, producto de la forma de vida de cada uno y de sus necesidades y posibilidades económicas. Veamos los por separado.

Traje de Gala o de fiesta

Cuadro de Pedro Roque Hidalgo cedido al Ayuntamiento a comienzos de 1980. Representa una pareja de montijanos con el traje de gala.
Esta modalidad era utilizada por la clase media y alta, variando en la riqueza de sus elementos y en la calidad de sus géneros.
Detallamos a continuación el traje de mujer:
Peinado.- Conocido en toda la región por la jota denominada “Al uso de Montijo”. Consistía en una moña formada por un trenza de cuatro partes recogida atrás con una cinta negra, formando una especie de martillo.
Dice Antonio Rodríguez Moñino, estudioso del folklore extremeño: “Dividido el pelo en dos bandos, con un moño gordo bajo y unas crenchitas hacia las mejillas; peinado propio de hembras jarifas, gallardas y bien plantadas como suelen serlo las de aquél pueblo”. La palabra jarifa viene del árabe sarif y significa que es vistosa o está bien arreglada o adornada.
Con el traje de Gala la mujer no se coloca pañuelo en la cabeza para que se le vea el moño.
Blusa.- De color blanco y mangas largas.
Jubón.- Se utilizaba en invierno, consistía en una chaquetilla de terciopelo negro con talle estrecho; manga larga que se habría en los lados y asomaban unas puntillas de color blanco.
Refajo.- Era una falda de paño de colores lisos (rojo, verde, amarillo, azul, negro, morado, blanco, etc.). En su parte inferior llevaba bordadas flores, hojas, frutas, etc., o por el contrario se sustituían por listas de color negro.
Enaguas.- Iban debajo del refajo, podía ser de raso, terciopelo y encaje, con o sin bordados.
Faldriquera.- Era una bolsa de tela para llevar los objetos personales. Iba debajo del refajo. La tela solía ser de terciopelo, pana o similares y llevaban bordados o adornos.
Mantón.- Encima de los hombros se colocaba el pañuelo que servía de mantón. Existen varios modelos: el de sandía con dibujos rojos y blancos, que era utilizado en los días laborables; el pañuelo de mil colores o mantón cacereño para los días festivos.
Tras la conquista española de las islas Filipinas, se estableció en 1565 una ruta de transporte marítimo de mercancías llamada “el galeón de Manila” (que iba desde Cavite a Acapulco) y empezarían a traer a los puertos de Sevilla y Cádiz muchos productos de Asia, como los conocidos “mantones de Manila” que se fabricaban en Cantón, China (para conocer toda esta historia leer la revista Andalucía en la Historia, N.º 73, octubre – diciembre 2021). Desde entonces, y sobre todo desde el siglo XIX en que se utilizaba la ruta marítima más rápida y barata de la India y África, se empezaría a usar por las clases más pudientes estos mantones, incorporándolos a sus trajes tradicionales como signo de distinción ya que estaban bordados a mano sobre seda natural china y tenían grandes flecos que llegaban por la espalda hasta los pies. Mientras que los pañuelos de sandía o de mil colores llegaban hasta la cintura.
Los dos picos de los pañuelos se cruzaban por delante y se ataban por detrás.
Medias.- Eran de lana o de hilo, según la temporada del año. Sus dibujos podían ser con listas, cuadros o lisas, de varios colores.
Zapatos.- Eran cerrados y abotinados en invierno, de color predominantemente negros. En verano usaban zapatos normales de la época.
Aderezos.- Variaban según las posibilidades económicas de la usuaria; las mujeres de las clases pudientes utilizaban las gargantillas de oro.
Los collares más corrientes eran los denominados “rosicler”, también de oro, que colgaban de una cadena dorada. Esta palabra viene del francés rose claire (rosa claro), que derivó en español rosicler (plata dorada), por ser ese el color de la llamada plata roja o dorada que era el material con el que se solía hacer esta joya.
Los pendientes podían ser de tres formas distintas: de “reloj”, de “asa de brasero” y “de lazo”, aunque también los había “de verguetas” (o de varitas delgadas).
Estudiemos ahora el traje de gala de los hombres:

                                                  Francisco Delgado a finales del siglo XIX. Foto de Juan Luís Hidalgo.
Sombrero.- Era de fieltro, negro, de copa alta y redonda, con ala caída y ancha. Estos sombreros solían traerse de Cáceres o de Portugal.
Camisa.- Eran de color blanco, con o sin cuello y hechura ancha.
Chaleco de balleta.– En la parte superior del cuerpo se vestía este chaleco, que era de paño oscuro. Las balletas o hebillas se abrochaban detrás o en los costados.
En los “petitorios” de las novias existía la costumbre de regalarle la novia al novio un chaleco, de tela de raso, con botones pequeños, con dibujos y bordados, normalmente en un sólo tono para hacerlos más discretos. Los ribetes eran a veces de otro color.
Chaquetilla de paño.- O chaqueta de invierno. Eran igual de cortas que los chalecos, de color negro o pardo, de paño gordo sin pelos.
El cuello era escotado y las solapas pequeñas.
Algunas de estas chaquetillas se abrochaban hacia el lado izquierdo, aunque no eran muy corrientes.
Pantalón.- Denominado “de gazapón” (palabra qu proviene de gazapo) o de la “pichapronta”, que no tenía bragueta y era cruzado por delante. En la parte de la cintura llevaba unos ojales por donde se introducían unas correas que después se ataban como una talega.
Los perniles eran anchos, llegaban solo hasta debajo de las rodillas y tenían una abertura en los laterales por debajo. Se ataba con un cordón para darle más o menos movilidad a la pierna, terminando en unas borlas. El género era de paño negro o pardo.
Estos pantalones fueron usados hasta la primera parte del siglo XIX.
Ceñió.- En invierno se utilizaba el denominado “ceñió” que eran las fajas para guardar los riñones del frío. Eran de color azul o rojo para las fiestas y negro para el trabajo.
Tenían unos dos metros de largo y medio de ancho y llevaban un fleco al final que se colgaba por un lateral. El género era de algodón o lana, según la categoría social del usuario.
Capa.- En invierno no se utilizaban los abrigos sino la célebre “capa de paño pardo” que se traían de Bejar, eran de paño gordo y de color negro, azul o pardo.
Tenían mucho vuelo, una entrecapa por arriba que llegaba hasta los codos y el cuello.
Debajo llevaba un agremán, que era un adorno (cinta de seda) de colores vistosos (rojos o verdes). El forro era también de colores vivos.
El cuello consistía en una tira con un botón y un ojal. Las personas pudientes le ponían terciopelo.
La capa llegaba hasta la mitad de la pierna y se cruzaba por encima del hombro.
Esta prenda desapareció a principios del siglo XX. En las bodas era obligado que el novio la llevase y en los entierros la portaban los dolientes.
Dice Antonio Reyes Huertas en “Estampas campesinas extremeñas” (publicadas en periódicos desde 1927 a 1936): “La capa era hace poco en estos pueblecitos la prenda augusta como el manto de los reyes, para las grandes solemnidades.
Se las hacían los mozos para casarse y, ya casados, no se la volvían a poner sino en los duelos de los entierros y en la festividad del Viernes Santo y del Corpus.
Nunca más se veía una capa en la aldea como no fuera en estos viejos que hacían tomizas en la solana abrigada del templo parroquial.
Y, aun en estos viejos, tenía esta capa un símbolo familiar y social porque era la investidura de la ancianidad, la credencial que acreditaba el derecho al respeto y al descanso…”
Medias.- Debajo del pantalón se ponían unas medias de lana, altas, de color blanco en los días festivos o pardas para el trabajo.
Calzado.– Se utilizaban botos cortos, atados con cordones o con hebillas laterales.

Traje de labradora

“Muchacha pelando patatas”, cuadro pintado por Álvaro Torres Rodas por los años diez. Usó como modelo a la niña montijana Juana Gómez. El estilo de la pintura es costumbrista regionalista y está influido claramente por Eugenio Hermoso (cuadros “La Juma, la Rifa y sus amigas”, de 1.906, o “A la fiesta del pueblo”, de 1.917). La niña viste pañuelo en la cabeza, pañuelo de sandía al hombro y refajo de listas multicolores.

El grupo de jóvenes de Dª. Rafaela Guisado, vestidas de labradoras con los refajos de rayas verticales multicolores, los mantones cacereños y pañuelos en la cabeza, bailando en el Teatro Calderón en los años treinta. Foto Barrera, de Mérida, de Cecilio Rodríguez.

Otra variante era el denominado “traje de labradora”, muy similar al de Gala. Los refajos eran de listas verticales, de múltiples colores, de un paño grueso, tejido en los telares de nuestro pueblo (como los de la calle Arriba).
Algunas le ponían una lista horizontal en la parte inferior para darle contraste.
Otros refajos menos utilizados eran de listas horizontales, también de múltiples colores. Este tipo lo hemos visto en Villanueva de la Serena muy extendido.
Los demás elementos del traje de labradora coincíden con el de Gala: mantón cacereño, camisa blanca, medias blancas, zapatas, aderezos, etc., pero tiene además una prenda nueva:
Pañuelo de cabeza.- Era una costumbre muy usual que las labradoras llevasen un pañuelo de mucho colorido en la cabeza. La forma de colocárselo era con unos alfileres, sin anudárselo por detrás, abierto.
Cuando hacía poco calor se lo bajaban al cuello cogidos por un nudo.
Los labradores utilizaban en verano unos pañuelos, de cuadros grises, que se ponían debajo del sombrero para protegerse del sol.

                                   Magdalena Alonso vestida de labradora. Foto de ella.

La vuelta al trabajo”, pintura de Adelardo Covarsí que fue adquirida, en los años diez, por la Comunidad de Labradores de Montijo. El campesino viste chaleco y pantalón de pana pardo, camisa blanca, sombrero de fieltro, alforjas, cantimplora y zacho al hombro.

Pintura naif de Frasco Antolín copia del cuadro de Eugenio Hermoso «Retrato de María y Miguel», propiedad de María José Pellicer Bautista.

Algunas prendas de los ganaderos
El gremio de ganaderos usaba ciertos elementos propios del tipo de trabajo que debían realizar.  Leggins.- Eran unas sobremedias de material que llegaban hasta la rodilla y se ataban con unas hebillas laterales. Se utilizaban para trabajar en el campo, ya que no se usaban las botas altas.
Zahones.- En algunas ocasiones se utilizaban unos sobrepantalones de material que servían para proteger las piernas del roce con animales o faenas similares.
Los zahones se ataban mediante dos tiras de material en la cintura, dando una vuelta por atrás y enlazándolas delante.
Solían tener muchos grabados y dibujos artísticos. También llevaban unas correas para atarlos en las piernas.

  Pastor de Morante a finales del siglo XIX, con gorra de visera, zamarra, zahones, leggins y garrocha.
Zamarras.- En invierno se utilizaban unos chalecos de piel de oveja (con los pelos) llamados zamarras, que servían para resistir en el campo los fríos de invierno.
Blusones o chambras.- En las otras temporadas más cálidas se usaban unas blusas largas y anchas que se ponían encima de la camisa para no ensuciarla. Estas blusas eran de color gris claro, de tela fuerte y resistente.
Callada.- Para dirigir el ganado se usaba “la callá”, que eran unos bastones largos de madera con una vuelta en su lado superior para coger a los animales por las patas.
También se utilizaban las garrochas.

     Porqueros de Morante en 1928 con las chambras, sombreros calañeses y pañuelos al cuello.

Traje de aldeano
A diferencia del traje de Gala que lo usaban las clases más pudientes, el de Aldeano era propio de las clases populares. Por ello sus elementos y accesorios eran más sencillos y baratos.
Veamos primero el de mujer:

                             Angela Sánchez Castillo vestida de aldeana por los años veinte.
Si lo observamos con detenimiento vemos la gran similitud que tiene con los trajes de asturiana, por lo que pensamos que podría proceder del norte de España.
Pañuelo rojo.- En la cabeza llevaban un pañuelo rojo atado con un nudo por un lateral.
Blusa.- Era de color blanco.
Corpiño.- De terciopelo negro, sin bordar, sin mangas y colgado de los hombros por unas tirantas. Delante se ajustaban al talle con unos cordones de color negro, blanco o rojo.
Refajo.- De paño rojo, con una lista negra en su parte inferior o varias de colores y, debajo, una de terciopelo.
Enaguas.- Debajo del refajo rojo iban las “senaguas”, de tela blanca almidonadas para dar vuelo.
Pololos.- Eran unos pantalones de tela blanca que llegaban por debajo de las rodillas y se cogían con unas cintas para resguardar las piernas del frío.
Mandil.- De color negro o estampado, con puntillas en los bordes.
Medias.- De lana o hilo de color blanco.
Zapatillas.- En vez de botas, el traje de aldeana llevaba alpargatas abrochadas a la pierna por unas cintas.
Collar.- Solían ser de cinta negra o blanca, de seda, con una cruz metálica.
Ahora estudiaremos el traje de hombre:
Blusa.- Era de color blanco y de talle amplio.
Chaleco.- De género negro, sin bordados.
Pantalón.- De género negro. Llegaba hasta la rodilla y tenía unas aberturas laterales, cerradas por cordones terminados en borlones.
Medias.- Eran de lana blanca.
Alpargatas.- Iguales que las de la mujer. Su color podía ser negro o blanco.
Este traje de Aldeano desapareció antes que el de Gala, pues este seguiría usándose en las fiestas del pueblo.


Jóvenes ataviadas con el traje de aldeana y pamelas de espigadoras, en la romería de San Isidro, en los años 30, dirigidas por José Luís Calero. Foto de Cecilio Rodríguez.

Para ir a la gira de San Isidro las mujeres so colocaban pamelas de espigadoras y el «pañuelo de gira» en el cuello.

                                    En la romería de San Isidro, en Barbaño 1934.

Causas de la desaparición progresiva de estos trajes
Son varias, a saber: modernización de las costumbres y de la vida del pueblo, sobre todo al cambiar la agricultura de secano a regadío, con la consiguiente mecanización del campo; la construcción de fábricas conserveras y de carreteras que hacían que afluyesen al pueblo personas de muchos lugares diferentes y entrada en la sociedad de consumo a partir de los años cincuenta.
La dictadura de Franco creó la Sección Femenina de FET, que potenció mucho el folklore de las provincias, investigando y dando a conocer los cantares y las danzas antiguas, pero falseó los trajes tradicionales imponiendo un modelo unitario para cada provincia.
En la de Badajoz impuso el de Don Benito que era: el de las mujeres llevaba el refajo tejido con lana blanca y negra, llamada “de costilla de vaca”, llegando hasta media pierna con cenefas. Las medias eran de listas blancas y negras.
El traje de los hombres era: la chaqueta de pana negra adornada con cuero en las bocamangas y bolsillos bordeando todo su contorno tapando las costuras. No llevaba solapa. El chaleco era también de pana con ribete de cuero. El pantalón de pana negra con los mismos adornos de cuero en las costuras laterales y polainas de la misma lana adornada con botones de cuero. Botines negros.
Otras causas de la desaparición pueden ser: un complejo de inferioridad hacia lo nuestro por considerarlo subdesarrollado (en las Ferias se usaban trajes de Andalucía), ignorancia de nuestra propia personalidad regional, y la escasez económica por la que se pasó en la década de los años cuarenta obligando a muchas mujeres a transformar los refajos en faldas de camillas o a deshacer las prendas tradicionales para adaptarlas a trajes actuales.
Por todo ello, a partir de la guerra civil sólo veremos los mantones de Manila luciendo en los balcones de los vencedores con motivo de procesiones o de fiestas patrióticas, y los trajes de Labradora en teatros benéficos usados por jóvenes de clase media, de Acción Católica o en las primeras cabalgatas de Reyes.

El traje tradicional se redujo a una minoría de la población, dejando de ser asumido por todo el pueblo. Por ello tenemos la responsabilidad histórica de devolver, poco a poco, esta parte de las tradiciones de nuestra Villa.

Los grupos de danzas folklóricas que han existido en Montijo
Desconocemos por ahora si existió en el siglo XIX en Montijo alguna sociedad de folklore, como ocurrió con las de El Folk-lore Frexnense o El Folk-lore de Burguillos. El periódico “La Cotorra” de 1895 o las crónicas en la prensa de Badajoz no nos mencionan ninguna iniciativa en este sentido.
A finales de dicho siglo gustaba entre los sectores populares, entre otras, las canciones folklóricas. Era el costumbrismo regionalista recopilado en Extremadura por Francisco Rodríguez Marín, en 1881, en sus “Cantos populares españoles” o por la revista de Fregenal de la Sierra “El Folk-lore Frexnense y Bético-Extremeño” desde ese año hasta 1884.
Los grupos de danza folklórica de Montijo estuvieron siempre ligados a la Iglesia.
-Antonio Guisado Fernández, organista de la parroquia de San Pedro, creó a finales de siglo un Coro de Niñas para cantar en la iglesia pero también cantaban canciones folklóricas.
-El empresario artístico Nicasio Prieto Guzmán organizó en los años diez del siglo XX un grupo de teatro aficionado y al final de las representaciones hacían un fin de fiesta donde solían bailar danzas regionales acompañados por vistosos decorados.
-Rafaela Guisado Donoso, muy ligada a la Iglesia, organizaba desde comienzos de los años 20 funciones benéficas de teatro donde, en los fines de fiesta, también se interpretaban danzas folklóricas por jóvenes montijanas. En aquellos años organizó un grupo infantíl de danzas folklóricas que, a finales de esa década, formaban ya un grupo de jovencitas muy bien acompasadas y entrenadas.
Abajo vemos una foto del año 1925 donde se representa a un grupo de niños vestidos de baturros aragoneses, entre los que está Amalia Torres cuando tenía 13 años.


                                                      Foto de Amalia Torres Rodas.
-A mediados de esa década se publicó en una revista “La romería, Canción Montijana” con letra de Juan Tejeda Campos y música de Ofrebla.
-A principios de los años 30 conocemos la existencia del Coro y Danzas de lindas jóvenes de doña Rafaela Guisado como decían las crónicas. Lo integraban: «Inesita Moreno, Emilia Alvarado, Amalia Torres, Ana, Josefina y Manolita Garay, Dolores Núñez, Cipriana Gallardo, María Ríos, Eulogia y Augustina Menayo, la esposa de Pedro Menayo, la esposa de Hipólito Moreno, Consuelo Sánchez, Josefina Cabezas, etc.«. En julio de 1931 cantaron y bailaron en el Teatro Calderón canciones como “La parranda”, “La moza zamorana” o “Mi mantón verbenero”.


El grupo de Dª. Rafaela ataviadas para bailar “La sanabresa” en el Teatro Calderón, en 1932. Foto de Amalia Torres.

               Amalia Torres con sus amigos en San Isidro, en los años 30. Foto de Isabel Capote.

Otro grupo de Dª. Rafaela ataviadas de labradoras para actuar en el Calderón durante la guerra civil. Foto de Cecílio Rodríguez

El mismo grupo ataviado con otro traje regional no extremeño. Fot de Cecílio Rodríguez.

-En la posguerra vivía en Badajoz el músico Manuel Núñez, primo de Rafaela Guisado,, recopilador de canciones folklóricas extremeñas y director de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de FET. que vendrían a Montijo a actuar de vez en cuando.

La Revista de Ferias de 1948, dirigida por Rafael González Castell, sacaba como portada este dibujo de Chano con mezcla de prendas. Era la influencia de la Sección Femenina de FET. Foto del archivo de Juan Carlos Molano.

-A mediados de los años 40 dirigía Rafaela Guisado a un grupo de danzas, algunas de las que bailaban eran folklóricas. Su finalidad era siempre benéfica. Rafaela no quiso nunca dirigir los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Montijo pero sí colaboraba con el Cuadro Artístico-Cultural de Acción Católica, que en 1947, 1950 y 1953 representaron la obra teatral “La fuente de los amores” en el Salón Moderno donde iban vestidos los interpretes de labradores montijanos.

Cada vez que representaban una obra de teatro, al final hacían un «escogido fin de fiesta con bailes regionales».


Fotos representando La fuente de los amores, en 1950 en el Teatro Calderón. Cedidas por Ana González Zoydo y realizadas por VISAM.

Jóvenes pertenecientes al cuadro de Acción Católica en 1951, con mezcla de prendas. Fotos de VISAM del archivo de Juan Carlos Molano.

En 1951 se organizó por primera vez en Montijo la Cabalgata de Reyes. En las carrozas iban las jóvenes del grupo folklorico de Acción Católica vestidas de labradoras. Foto de VISAM.

Las carrozas de la Cabalgata, pasando por «la calleja» de San Antonio, iban tiradas por bueyes de los colonos de los pueblos nuevos. Foto de VISAM.

El día 27 de octubre de 1953 se celebró una velada artística para obtener fondos para el Domund, donde actuó el grupo folklorico de Acción Católica. La mezcla de prendas era evidente. Foto de VISAM.

Por el año 1953-54 representaron la obra “La princesa de los Arrallanes” en el Teatro Calderón, dirigida por Amalia Torres. En el fin de fiesta cantaron y bailaron la Jota Extremeña dirigidos por Rafaela Guisado.

El sacerdote D. Antonio Bayón organizó a las Juventudes de Acción Católica y promovió un grupo folklorico. En las fotos de abajo, propiedad de Joaquín Barroso Marín, los vemos ensayando en el convento de San Antonio por el año 1953:

En 1956 se instaló en Montijo una “Cátedra ambulante” de la Sección Femenina de FET, fruto de la cual se organizaron los Coros y Danzas en nuestro pueblo, siendo la Delegada Local Juana del Viejo Barrena .


Los Coros y Danzas de Montijo, acompañadas por la Delegada Local de la Sección Femenina, se desplazaron a Valdelacalzada el día 7 de octubre de 1956 para actuar en la visita que realizó el dictador Franco. Foto de VISAM.
-En las Ferias de aquel año se celebró el día 9 de septiembre, en el escenario de la Plaza, a las 24 horas, el espectáculo “Pasos y Coplas”, “agrupación compuesta por renombrados artistas del género folklorico”. Por esos años se repitió este evento.

Los Coros y Danzas bailando en la clausura de una Cátedra Ambulante de la Sección Femenina de FET el día 3 de julio de 1959. Foto de Sanfer.

Carroza de la Cabalgata de Reyes por esos años. Foto de Sanfer, de Ana de los Ríos Macarro.
-En 1962 organizó la O.J.E. en colaboración con la Sección Femenina un grupo mixto de danzas extremeñas. En el año 1963 se celebró, como todos los años por entonces, la Semana de la Juventud de la O.J.E. con motivo de San Fernando. El día 31 tuvo lugar la “actuaciáon del Cuadro Artístico-Cultural de la OJE”.

Con los planes de estabilización económica y los polos de desarrollo, a comienzos de los años 60, y la apertura del Régimen al exterior con el turismo, cambió el país. Los jóvenes olvidaron todo lo que había representado la España aislada y cerrada y abrazó las modas estéticas y musicales europeas y norteamericanas. Con ello fue desapareciendo el folklore tradicional.

-En el año 1967 actuó el Cuadro Artístico-Cultural de la OJE en Torremayor. Foto de José Antonio Rebolledo.

– Dª. Amalia Torres formó un grupo folklorico entre los niños de las escuelas por los años 1968/69.
-Como dijimos en la Introducción, en mayo de 1979 organizó el Ayuntamiento una conferencia sobre el traje típico de Montijo y su folklore, y en agosto de 1980 se realizó una Exposición de Trajes Típicos.

-Surge AGLA. Gonzalo Vaca Álvarez escribió en el Boletín Informativo de la Agrupación Cultural Agla, de mayo de 1982: “En el año 1979, cuando todavía era utilizado el chalet propiedad de Dª. Javiera Bueno por el Grupo Parroquial de San Pedro… comienza por aquellas fechas a irse madurando la idea de la creación de un grupo de danza, contándose inicialmente con el Grupo Social de Valdelacalzada y su monitora Srta. Bárbara, los cuales van a ser los primeros profesores o educadores de la citada actividad, que se prestan a colaborar con los primeros alumnos: María Colino, Pat Caballero, Leo García, Sofía Martínez, Diego Gallardo, Daniel Estévez, Bartolomé Gomez.
Poco a poco se va extendiendo este grupo de danza… El 7 de septiembre de 1980, en el atrio de la Iglesia Parroquial de San Pedro se realiza la “primera ofrenda floral” en honor de la Patrona de Montijo Santísima Virgen de Barbaño. Allí actúa el grupo de danza así como varios grupos de niños de la recien creada “escuela de danza”, obteniéndose un rotundo éxito.
Tras el mismo, al grupo de danza se le añade el del coro, decidiendo reunirse bajo el nombre de AGRUPACIÓN CULTURAL “AGLA”… En febrero de 1981 es legalizada y son aprobados los estatutos por el Gobierno Civil …”

En la Revista de Ferias de 1981 decían: «… En la actualidad,  AGLA dispone de su coro y parejas de danzas… Imparte igualmente AGLA, de forma desinteresada, clases de danza, teniendo un grupo de niños, más de cien, y otro de mayores en aprendizaje…»

-El día 25 de junio de 1981 organizó el Ayuntamiento el I Festival Internacional de Danzas Folklóricas y el 26 de septiembre de dicho año organizó el I Festival de Música Folk.

Foto de Sanfer, de los primeros componentes de AGLA,  publicada en el Boletín Informativo de mayo de 1982.

                        Foto  de Sanfer publicada en el Boletín Informativo de AGLA de mayo de 1982.

I Festival Internacional de Danzas Folklóricas realizado el 25 de junio de 1982 y organizado por el Ayuntamiento. En el II Festival, realizado en 1983, actuaron la U.R.S.S. y Agla.

                 Actuación de AGLA en Leganés en septiembre de 1982. Foto de su archivo.

Foto de Sanfer, publicada en la Revista AGLA de septiembre de 1985, que representa a labradores en las Eras.

En los boletines de AGLA se publicaron artículos sobre los trajes tradicionales, los cantares y danzas folklóricas de Montijo.
A partir de ahí se volvían a recuperar aquellos aspectos folklóricos de nuestra tradición que habían desaparecido a comienzos de los años sesenta.

ANEXO

Relación de mujeres que cedieron prendas para la Exposición de Trajes Típicos que realizó el Ayuntamiento en agosto de 1981
Transcribo textualmente los datos de las 40 mujeres que figuran en el listado:
Fernanda Alcántara de Vaca, calle José Canalejas nº3.
Leonor González Agudo, calle San Juan de Rivera n.º 1.
María José Jareño de Gragera, plaza de Cervantes n.º 14. Cedió un mantón de Manila.
Ángela Rodríguez de Santamans, calle López de Ayala n.º …
María Bueno de Gomez-Bravo, plaza de los Bootello n.º 3.
Javiera Bueno de Marquez de Prado, plaza de los Bootello n.º 11.
Rafaela Martín de Lozano, plaza de España n.º 11.
María Nieves Arrobas Vila, calle Felipe Checa n.º 3. Cedió 1 colcha, 1 mantón de Manila blanco, 1 refajo, 1 pañuelo de sandía rojo, 1 pañuelo verde y 1 sombrilla.
Amalia Torres Cabezas, calle Reyes Católicos n.º 4.
Angela Rodríguez Rodríguez, plaza de Santa Clara n.º 5. Cedió 1 refajo de gala, …
Leonor García Ortíz, calle Gómez Ulla n.º 7.
Ana Molano Calvo, calle López de Ayala n.º …
Magdalena Alonso, calle López de Ayala n.º 71- Cedió 2 refajos de rayas de labradora, 1 colcha de lana hecha a mano, 1 camisón blanco, 4 medias, 1 chaleco y 1 foto suya vestida de labradora.
Petra Thomas. Cedió 1 refajo, 1 refajo abierto y 1 estola.
Ana Moriano Soltero, calle de Arcos n.º … Cedió un pañuelo y puntillas.
Ana Almirante Cavero, calle de Arcos n.º 70. Cedió puntillas y 1 pañuelo.
Adela Sánchez Castillo, calle Virgen de Barbaño n.º 24. Cedió 1 foto de aldeana y otra pequeña.
Angela Sánchez Castillo, en Campo de la Iglesia n.º 26. Cedió 1 foto de aldeana.
Manuela Ávila, calle Moreno Nieto n.º 21. Cedió 3 puntillas, 4 T., 1 faldriqueras y unas medias.
Rosa Hurtado, calle Condes de Montijo n.º 32.
María Rodríguez Fernández, calle Mártires n.º 46. Cedió un mantón de Manila.
María Cruz, calle San Gregorio n.º 22. Cedió 1 manta, 1 alforjas y 1 mantón de Manila.
Su hija, calle Francisco Bautista.
Otra hija que vive en Puebla de la Calzada. Cedió 1 mantón y 1 medias.
Ana “la cuqueja”, en la Plaza de Abastos. Cedió 1 faldriquera.
Josefa Barríl, en la calle José Canalejas n.º … Cedió 1 faldriquera y 1 mandíl.
Manuela Gómez, en la calle Francisco Bautista n.º … Cedió 1 mantón.
Paulina Llanos, en la calle Hernán Cortés n.º … Cedió 1 mantón.
Catalina Calvo, en calle Santa Ana n.º 67. Cedió 1 falda, 2 chalecos, 1 faldriquera y 1 pañuelo.
José María ……. Cedió 1 corpiño.
Francisca “la cocinera”. Cedió 1 refajo, 1 colcha, 1 faldriquera, 1 pañuelo, 1 mandil y 1 corpiño.
María Dolores “la de la Fonda Enrique”. Cedió 1 pañuelo y 1 mantón.
Manuela Cabezas, en el Campo de la Iglesia. Cedió 1 pañuelo, 1 cubre pies y 1 cubre barul.
Leonor Redondo Garrido, en calle Condes de Montijo n.º 63. Cedió 1 mantón negro de Manila.       Josefina Sánchez, en calle Hernando de Soto n.º … Cedió 1 manton celeste, 1 manton amarillo, 1 manton negro, 2 pañuelos, 3 toallas, 1 falda de listas, 1 cuadro y 1 medias.
Dolores Murillo, en calle Pedro de Alvarado n.º 29. Cedió 1 fotografía de Castuera.
María Fernández Branquiño, en la Ronda del Valle n.º … Cedió 3 toallas y 1 colcha.
María del Viejo Gómez, en calle Antonio Maura n.º 7. Cedió 1 toalla y 1 mantón negro.
Juana Gómez, en calle Fernández Caballero n.º … Cedió 1 pañuelo amarillo y 1 estampado.
Beatríz Pozo, en calle Almagro n.º … Cedió 1 toalla blanca.

Juan Carlos Molano Gragerahttp://historiasdemontijo.com
Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

Autor

Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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