Los mercados de abastos en Montijo

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Este artículo lo expuse en un programa de Radio Montijo-Onda Cero denominado “Historias de Montijo”, el día 15 de agosto de 2001.

I. El zoco medieval en la Plaza Pública

Según el periodista Tomás Rabanal Brito (1908- 1994), que ejerció de maestro de escuelas en nuestro pueblo a finales de los años veinte, Montijo era en el siglo VIII, en que empezó el dominio árabe en estas tierras, la aldea o al-qaría Mentissa y dependía de la kura (distrito) de Mérida. Tito Livio (59 a. C.17 d. C.), en su obra Historia de Roma desde su fundación, publicada por la Editorial Gredos, ya la denominó Mentisa.

La publicación del siglo XVIII «Publicator Salmanti­censis» dice que Abd al-Rahmān I (731-788), emir de Cordoba, repobló la alquería en el año 823. En el 852 se rebelaron los moros de Mérida contra el rey de Córdoba por lo que fueron desterrados a esa ciudad dejando casi despo­blada la ciudad.
En esos siglos de la dominación árabe, del VIII al XIII, vivían aquí varios pueblos: los antiguos pobladores romano-visigodos que eran los mozárabes, los judíos, los beréberes, los esclavos, y la minoría dominante árabe que ocupaba los puestos administrativos y políticos.
Tanto Bernabé Moreno de Vargas, en 1633, como Vicente Navarro del Castillo, en el último cuarto del siglo XX, dan por sentada la existencia de una aldea o al-qaría en tiempos de los visigodos y de los árabes en el Montijo actual. Los árabes se apoderaron de las tierras de la Iglesia y de los fugitivos visigodos que huyeron a Mérida y al norte.
Dice Pérez Bustamante: «Los árabes se apropiaron de las vegas y de las regio­nes fértiles, dejando para los beréberes las comarcas montañosas y pobres». «Los conquistado­res mantuvieron el colonato en los latifundios existen­tes en la época visigoda, y no solían exigir a los culti­vadores más de la mitad de la cosecha…»
Los árabes eran la clase dirigente y procedían de Siria, península arábica y Yemen, los beréberes procedían del norte de África.
En todos los pueblos o alquerías solían tener peque­ñas mezquitas, hospital y escuela de primeras letras. La futura Casa de la Encomienda (después palacio de los Condes de Montijo) se construiría sobre una antigua torre árabe-visigoda; la plaza en donde se ponía el zoco o mercado era la actual de Cervantes, que fue la primitiva Plaza Pública ya que no existía aún la actual Plaza de España; en el Altozano o actual Piquete se encontraba la Silera y la Al-hondiga o Panera.
La agricultura se vió mejorada gracias a la intensifica­ción del sistema de regadíos, ya existente desde los ro­manos, uniéndole las novedades técnicas traídas por los árabes, como los sistemas de irrigación utilizados en Mesopotamia -acequias y norias-. Se cultivaron toda clase de cereales, frutales, oli­vos, vides (las uvas pasas), higos chumbos, palmeras que daban dátiles, almendros, miel, tomillo, etc.
La ganadería también adquirió un considera­ble desarrollo, sobre todo lanar y caprino.
Mientras que en el secano existirá el gran latifundio, en el regadío esta­rá la propiedad fragmentada en manos de campesinos aparceros. Eso es lo que sucedía en la zona de huertas del Encinar, de “las huertas viejas” y de la Estación, gracias a las norias y ace­quias y al-bercas construidas.
Desde comienzos del siglo IX se desarrollaría un co­mercio interurbano aprovechando las calzadas roma­nas, por donde transitaban carava­nas de mercaderes con sus bestias de carga, alquiladas a empresas especializadas, en etapas de treinta kiló­metros diarios.
La industria era floreciente (de manufacturas, de seda, metal, or­febrería, cueros repujados o marroquinería (las tenerías), tapices, cerámica, papel, azulejos, vidrios, las “atajonas”, los maestros al-arifes, etc.).
Por estas razones floreció una bri­llante vida urbana y notables mercados (zocos). El zoco se montaba en la Plaza Pública por las mañanas, allí se vendían los productos que se criaban aquí como los que se traían de Oriente (especias, azafrán, canela, sedas, lienzos, etc.). También había artistas y malabaristas que animaban la vida multicolor del zoco.


II. Periodo santiaguista

El lugar de El Montixo fue repoblado por leoneses, mudéjares, esclavos árabes y judíos. En el Fuero de Mérida, firmado por el arzobispo de Santiago de Compostela y el Maestre de la Orden en 1235, quedaban exentos del pago de portazgos los pobladores de estas aldeas, lo que facilitaba el tráfico de mercancías y un comercio local de productos de primera necesidad. Sí tenían que pagar los diezmos a la Iglesia y al Comendador.
En una economía de subsistencia, debido al mal estado de los caminos y el corte del tráfico con Oriente, mantenía incomunicados a los pueblos de las ciudades artesanas y comerciales (Sevilla, Toledo, Lisboa, etc.). Apenas aparecen en la época Ferias y comercios, sólo los arrieros y los castellanos trashumantes que venían de Soria o Logroño.
Los mudéjares, y luegos los moriscos, enseñarán a los cristianos a trabajar las huertas de riego con norias (en El Encinar y el camino de La Puebla) que producían hortalizas y frutales. El arroyo Cabrillas y el regato de Santa Engracia servían de aprovisionamiento de aguas.
La artesanía y el comercio estaba, en gran parte, en manos de los judíos; los labradores eran cristianos viejos, los hortelanos y jornaleros mudéjares y moriscos.
La ganadería era vacuna, caprina y de cerda.

                                                  Dibujo de rofelenosa.wikispaces.com

III. Periodo señorial (desde 1551)


En la plaza de la Encomienda se instalaba el mercado. Foto de VISAM de los años cincuenta.

El Conde de Montijo construyó la Plaza Mayor a principios del siglo XVII y trasladó el mercado de la Plaza Pública allí.


Dibujo del Concejo, de Jaime Vila Domínguez, construido en 1604. En uno de los postes se observa todavía hoy la señal de afilar los cuchillos de los carniceros.

Tributos.- al Conde había que pagarle las alcabalas del viento, el portazgo, pesos y medidas sobre los productos que se vendían.
Los Guardas de Portazgo cobraban a las entradas del pueblo por los caminos (donde había instaladas unas casetas en donde se encontraban aquellos), sobre los animales o productos agrícolas que se iban a vender en el mercado.
Los vendedores de productos silvestres, como cardillos, espárragos, acelgas, alcachofas, higos, brevas, etc. y animales, como ranas, lagartos, conejos, pájaros, ciervos, etc.
Los pescadores de Puebla de la Calzada traían los peces del Guadiana.
Nos describe Pablo Iglesias en su libro sobre la comarca de Lácara, página 294, en relación con el siglo XVIII: “Ordenanzas Municipales de Abastecimiento” que regulaban el abasto de productos básicos, las prohibiciones de exportación, las entradas de vinos, de aceite, miel, queso, sal, azucar, hortalizas, etc.; el conrol y fijación de los precios, los pesos y medidas; regulaban el comercio y mercado urbano, las ferias anuales, las ventas en tiendas, los corredores, las reventas, los mercaderes, las condiciones de venta, la regulación y vigilancia del comercio… cantidades y calidades…
El Concejo tenía algunos cargos encargados de estos temas: los Fieles Ejecutores – que tenían que ser regidores (concejales) – encargados de visitar los mercados, abastos, mataderos, carnicerías, mesones, posadas, estancos, etc. Veían matar las reses, eran los encargados de pesos y medidas, vigilaban los géneros introducidos en la Villa para vender informando de los precios…
Había una Junta de Abastos, in Comisario de Abastos de vino blanco y carnes, un Examinador de Olleros y Confiteros, un Fiel de Cuartillos y Cuartillas que comprobaba el peso y medida de todos los productos que venían a venderse a la “Casa del Peso”…”
Los Curtidores y Veedores vigilaban que las pieles que se vendían (en las Tenerías) eran nuevas y no viejas… En Montijo existía la calle Tenerías, actual Clavijo.
Uno de los oficios existentes en los mercados era el de “regatón”, que vendía al por menor, regateando, lo que compraba al por mayor.
-En el Interrogatorio de Tomás López, publicado en 1798, se habla de la existencia, al meridiano del pueblo y pegando a las calles, de unas huertas formando un faja semicircular, que producían árboles frutales, legumbres y cáñamo.
-El matadero municipal estaba instalado en una calleja de la calle Carrera, actual calle Jovellanos.

IV. Traslado del mercado a la Plaza de Herradores

En 1866 siembra el Ayuntamiento Constitucional álamos negros en la Plaza y trasladan el mercado a la Plazuela de Herradores (actual plaza de los Piñero). Allí había tiendas de zapatería, sastrería, herrería, la Banca Porras, etc.
Desde las huertas de Montijo se suministraba de frutas, verduras y leche a Montijo, y principalmente a Mérida, productos que eran vendidos en sus mercados de abasto.
A las entradas del pueblo el Ayuntamiento colocaba a unos alguaciles o celadores para cobrar una tasa o un peaje a aquellos que venían a vender sus productos alimenticios, entre ellos los de la huerta.
Como en Montijo no existió un Mercado de abastos hasta el año 1932, anteriormente se vendían los productos de las huertas en las plazas públicas. La primera fue la actual de Cervantes, donde estaba la iglesia de San Isidro, antes de existir la parroquia de San Pedro y la Casa de la Encomienda. Posteriormente se trasladaron a la Plaza Mayor, hoy de España, hasta que en 1866 se plantaron unos árboles y el Ayuntamiento trasladó el mercado de frutas y hortalizas a la Plaza de Herradores, hoy de Cipriano G. Piñero.


En el libro “Cien años de cultura en Montijo” decíamos en la página 38 que, en el año 1922, el abasto seguía en la plaza de Cipriano G. Piñero “en el santo suelo asientan sus reales varias tablajeros… otros que aportan en costeros… las múltiples frutas y bacharolas de dilatadas huertas”.
Para evitar esas molestias y que no tuviesen que estar a la intemperie el Ayuntamiento habilitó en los años veinte la casa de los Bérriz Calderón en la Plaza Mayor, esquina a la calle Castelar, para que vendiesen los productos alimenticios (carnes, pescados, frutas y hortalizas), pero era pequeña para las necesidades que había, además de ensanchar la plaza y derribar las dos casas que sobresalían delente del Casino.

V. Plaza de abastos provisional

Acordaron establecer en dicha casa la plaza de abastos para la venta de carnes, pescados y similares pues las Ordenanzas Municipales de Higiene impedían que se vendiesen en la calle. Por entonces estaba luchando el Ayuntamiento para que el gobierno construyese una Plaza de Abastos amplia en la plazuela de las Cocheras, delante del antiguo palacio de los Condes.
Para solucionar el problema, la Gestora Municipal pidió una subvención al Gobierno, durante la dictadura de Primo de Rivera, con el fin de construir una plaza de abastos. En una Revista de Ferias provincial del año 1929 leemos en la página 40: “muy en breve comenzarán las obras del nuevo cuartel de la Guardia Civil y la plaza de abasto”.


La plaza  a comienzos del siglo XX. La casa que vemos a la izquierda era donde se instaló provisionalmente la Plaza de Abastos en los años veinte. Fotografía propiedad de Juan José Delgado Rico. Retocada a color por Infinito Estudio, Dionísio Sánchez.

VI. El nuevo Mercado de Abastos

Desde el año 1928 venía la Gestora primorriverista luchando para que el gobierno les concediese la subvención para construir el nuevo edificio.
El proyecto técnico fue confeccionado al año siguiente por el arquitecto del Instituto de Previsión Fernando Echevarría, con un presupuesto de 207,636 pesetas. Fue adjudicado al contratista Joaquín Izquierdo González.
El nuevo edificio se construyó en la Plaza de las Cocheras, lugar muy céntrico y donde dejaban sus burros los vendedores que se ponían por las mañanas en el mercado de la plazuela de Herradores.


En esta foto de los años veinte vemos, abajo a la derecha, a hortelanos con sus burros en la plazuela de Las Cocheras, donde después se construyó la Plaza de Abastos. Foto de Tomás Durán.

Cada vecino tenía que dar varias peonadas con su trabajo o acarreando materiales con sus carros, igual que se hiciese cuando el Ayuntamiento construyó el “paseo de la Iglesia”.
Al realizar las excavaciones apareciero muchos enterramientos pertenecientes al cementerio que había en esa plaza desde que se construyó la Iglesia de San Isidro. Desgraciadamente no se realizó un estudio de dichos enterramientos que habrían servido para conocer la historia de la aldea de El Montixo desde la época visigoda, árabe, etc. como sí se ha realizado en la villa romana de Torre Águila.
La obra acabó en el año 1932, en plena República. Se instaló en la planta baja, de forma provisional, las escuelas del Pósito por encontrarse también en obras dicho colegio, y una nueva escuela de Párvulos cuya primera maestra fue Amalia Torres. Después se montaría allí la Cantina Escolar hasta el golpe de Estado de julio de 1936 en que montarían Auxilio Social.

Los hortelanos que se dedicaban al comercio de los productos de las huertas por los años cincuenta eran Juan “el Loco”, Manolo Concepción, la “siña Francisquita”, entre otros.
El transporte de productos montijanos a Mérida lo hacían en ferrocarril: el “siño Pedro el de la leche” -por los años cincuenta del siglo XX- recogía por la tarde la leche en la Estación y la llevaba a Mérida, donde la distribuía.


                                          Fachada principal de la Plaza de Abastos. Foto de VISAM.
Pronto aparecieron problemas en el forjado del edificio y filtraciones de agua de la fuente que dentro de la plaza se instaló.
En el año 1954 se reformará la Plaza por el contratista Roque Prieto, bajo la dirección del aparejador municipal Roberto Serrano Álvarez. Subieron las ventanas superiores suprimiendo las rejas, colocando cristales, y se sustituyeron las cañerías y bajantes.

                                 Vendedoras de la Plaza de Abastos en los años 30. Foto de Paqui Acevedo.
Entrando en la Plaza a mano derecha estaba el cafetín o “Café Casa Iglesias” desde finales de los años cuarenta. Fuera de ella estaba el cafetín de Dorado, donde se realizaba la contratación de jornaleros por las mañanas temprano.

Verduleras y alguacil en la Plaza de Abastos. Parte del álbum de la colección del fotógrafo Vicente Sánchez Melara, VISAM, «Caramelos Mi Ciudad».


Vendedoras de leche en la Plaza de Abastos en los años cincuenta. La que está echando la leche a la derecha era Manuela Gragera Rodriguez. Foto de Pedro Juan Anión Jaén.
La «siña» Ana (¿González o Acevedo?) vendía leche por las calles con su burro y transportaba el producto en las «aguaeras»,

En los años setenta comenzó el declive de la Plaza con la apertura de los supermercados y autoservicios (el de los Serrano en la calle López de Ayala, el de los Gragera en la calle Arriba, etc.). Para tratar de revitalizarla la Corporación democrática pidió una subvención a la Junta de Extremadura y consiguió que se remodelase a mediados de los años ochenta. En la parte de abajo estuvieron instalados la Banda de Música, el Frente de Juventudes y después la O.J.E., la Biblioteca Municipal, los Juzgados en los años ochenta, el Hogar de Pensionistas y las sedes de varias asociaciones.


                                  La plaza de abastos en el verano de 1991. Foto de Francisco Romano Lechón.

En los años noventa fue paulatinamente en declive, habiendo muy pocos vendedores dentro de la plaza.

VII. Demolición de la Plaza de Abastos

En el año 2000, el gobierno municipal del PSOE, que tenía mayoría absoluta, acordó con la oposición de IU y PP sustituir la Plaza por un Teatro Municipal. Para ello encargó el proyecto técnico al estudio de arquitectos montijanos ubicados en Sevilla Del Río y Lavado, S.L. Al principio trataron de construir el teatro en el patio de la Casa de la Cultura, antiguo colegio Padre Manjón, pero los arquitectos se inclinaron por hacerlo en el lugar de la Plaza de Abastos. El presupuesto total era de 250 millones de pesetas.
El día 5 de diciembre de dicho año comenzó el derribo de la Plaza, lo que provocó una fuerte polémica en el pueblo.

Juan Carlos Molano Gragera
Juan Carlos Molano Gragerahttp://historiasdemontijo.com
Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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Cuando estudié la carrera de Ciencias Políticas, en la Universidad Complutense, durante los años 1968/72, tuve algunos maestros como Antonio Elorza Domínguez o Juan Trías Vejarano que me enseñaron a investigar en los archivos para elaborar aspectos de nuestra historia. Aquella semilla se fue desarrollando desde finales de los años setenta cuando volví a vivir a Montijo y continúa viva hasta el día de hoy. Espero continuarla hasta que me fallen las fuerzas y la vista. Y me gustaría que se siguiese leyendo después de “pasar a mejor vida”.

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